Black Forest La Niebla | 29

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Esta novela contiene palabras malsonantes, consumo de drogas y escenas de violencia y/o abuso.

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BLACK FOREST, LA NIEBLA

Capítulo 29

Lisbeth

Madness

Los colmillos de Sam crecieron en lo que abría la boca de forma intimidante. La reacción de Lisbeth fue nula tratando de procesar lo que ocurría entre sus manos. Ese momento de duda no fue desaprovechado. Como un fantasma, el cuerpo de Katrina emergió del interior de Sam, teletransportada por su propia sangre en una simetría espectral perfecta. Se abalanzó sobre Lisbeth atrapando su cuello entre sus caninos. Lanzó lejos el cuerpo de esta, haciéndola girar sobre sí misma en pleno vuelo.

Lisbeth se revolvió. Al incorporarse vio a Sam al lado de Katrina. Seguía siendo humano. Notó entonces la conexión sobrenatural entre ellos. Dos enemigos por el precio de uno. Se sintió flaquear. La rabia se apoderó de ella dejándola completamente ciega. Se levantó y corrió hacia ellos cortando la niebla. Katrina fue a su encuentro. Sentía la sangre de Sam hirviendo dentro de ella, reclamando justicia o venganza. Paró en seco frente a Lisbeth a pocos centímetros. Lisbeth se quedó inmóvil en contra de su voluntad.

-Hoy se acaba todo.-Dijo Katrina con una profunda voz dueña de las mentes más opacas.

La muchacha arqueó la espalda cayendo sobre sus rodillas con los ojos en blanco. La niebla se apoderó de ella. Las nubes se movieron describiendo un círculo como una danza de espíritus.

***

Al abrir los ojos estaba enfrente a una pequeña casa de madera en el bosque. Caía la nieve y el frío era sobre cogedor. Sam entró en la choza, en su interior el crepitar del fuego en la chimenea aliviaba la sensación avasalladora del invierno. Un hombre con una jarra en la mano dormía sonoramente con la cabeza en la mesa de madera frente al fuego.

-Es la casa en la que se crio Lisbeth.-Explicó Katrina a su espalda.-Es un recuerdo de niñez, ya lo he visto. Constantine lo modificó para que, ella y su hermana, desconfiaran de su padre. La hizo creer que fue él quien mató a su madre, no fue así. Es cierto que bebía demasiado pero no era malvado.-Katrina se movió por la sala hasta llegar a una puerta. Tras ella había una cama de matrimonio en la oscuridad, una mujer estaba dentro.-Murió envenenada por el plomo del lago. Me costó mucho borrar la presencia de Constantine y ni siquiera me acerqué a desterrar la mitad de su influencia. Ella aún no me lo ha perdonado.-Al mirar a Sam calló un instante. Se acercó a él posando una mano en su hombro.-¿Estás conmigo?

-Sí… es solo que no me he recuperado de…-Sam hablaba atropelladamente. Las cosas sucedían muy rápido para ser gestionadas al mismo tiempo. No estaba muy seguro de hasta que punto todo era real o ficticio.

-Cuando acabemos te ayudaré a poner todo en su sitio.-Tomó las manos de Sam y la niebla volvió a aparecer.

Esta vez se encontraban en Blackesley. Sam reconoció el hall aunque estaba cambiado. Las paredes tenían grandes cuadros, los muebles estaban cubiertos de ornamentaciones decorativas. Siguió a Katrina detrás de las escaleras imperiales que presidían la sala. Allí se encontraba una puerta de madera bastante discreta en contra punto a todo lo que había alrededor, era invisible prácticamente.

-Viví en este castillo 12 años. Siempre supe de la existencia de esta puerta, pero no me atreví a cruzarla hasta que Krysta me lo dijo. Algo dentro de mi llevaba tiempo avisándome de que lo que encontraría aquí detrás no me gustaría. Simplemente, aprendí a ignorarlo ¿Cuántas vidas habría salvado si no hubiera sido tan cobarde? Si hubiera roto con ese vínculo antes…-Abrió la puerta a un manto negro de oscuridad.

Juntos bajaron las escaleras. Apartaron las cortinas de terciopelo negro. Ante ellos se desplegaban las catacumbas del castillo plagadas de ataúdes. En el centro de la sala unos sofás daban la bienvenida. En ellos, estaban Constantine y Lisbeth dándose de beber el uno al otro gentilmente, como dos enamorados.

Se oye la puerta abrirse de nuevo. Sam gira 180º para descubrir a una Katrina ataviada con unas vestimentas propias de las reinas de los libros de historia.

-¿Qué es esto? ¿Cómo osas insultarme así?-Pregunta airada la Katrina del pasado.

-Querida, por favor no te sulfures. Hablemos con calma.-Constantine usaba un tono complaciente y meloso que desde luego no tenía nada que ver con la realidad.

-¿Con calma? ¡No delante de esta fulana embaucadora!

-No es ninguna fulana. Retira eso.

-Lo retiraré cuando vea su cadáver entre mis manos.

-¡Yo jamás dije nada de eso!-Katrina se apareció delante de la impostora haciéndola desaparecer. Dio media vuelta para enfrentar a aquel Constantine falso.

-Sí, lo dijiste. Te pusiste celosa de que alguien más joven ocupara tu lugar.

-Si algo bueno tuvo que me convirtieras fue que dejaras de alimentarte de mí, necio egolatra.

-¡Cuánto odio, Katrina!-Lisbeth se unió a la conversación.-Tan difícil te resulta aceptar que me ame más a mí. Además ¿No tenías tu también un amante? Ah no… disculpa olvidaba que le devoraste.

-Que te sientas sola no es culpa mía Katrina, tú me tenías, pero me perdiste al caer en los brazos de un cualquiera.-Le espetó Constantine sin ocultar su asco.

-Lisbeth ¿Cómo has llegado aquí?-Preguntó Katrina.

-¿A qué viene eso?-La pregunta le parecía ridícula.

-Sí, la hija de un humilde leñador ¿Cómo ha acabado aquí?

-¿Humilde? Ese hombre era el demonio. Él nos tenía aterrorizadas…

-¿Por qué?

-Porque mató a mamá.

-¿Sí? ¿Estás segura?-Katrina entornó los ojos indagando.

-S-sí…

-Está bien ¿Quiénes estabais aterrorizadas?

-¿Quiénes?

-Estabais aterrorizadas porque había matado a vuestra madre. Eso es lo que has dicho.

-A mí y… a mi hermana.

-¿Y dónde está ella ahora?

Lisbeth se quedó en silencio. Constantine desapareció de su lado. La luz en la sala menguó, el suelo se cubrió de un líquido de color rojo intenso. La chica se volvió a los sofás, por una extraña razón algo le dijo que su hermana debería estar ahí con ella porque salieron juntas de casa con Constantine, huyendo de su padre. De pronto, se percató de una pequeña mano blanquecina sobre un charco de sangre, una niña con unas facciones similares a las suyas yacía con los ojos abiertos de forma macabra. Sintió un dolor atravesándole el cuello y se vio así misma en los brazos de su amado Constantine que bebía de ella agresivamente.

-Señor…-Susurró aquella indefensa versión de sí misma.

El Conde se mordió su propia muñeca y ella bebió con avidez.

-¡No!-Aquel grito vino de la entrada de la sala. De nuevo, esa Katrina vestida de otra época. Se lanzó sobre él para detenerle. Constantine la atrapó por el cuello. Con velocidad sobrehumana la sacó en volandas fuera del sótano y la dejó caer al suelo.

Aquello fue lo último que Lisbeth vio antes de abandonar su vida humana. Antes de transformarse en vampira. Sierva. Esclava. Por toda la eternidad.

***

Al volver al presente las ansias de venganza que hervían en las venas de Sam habían desaparecido. Se sentía vacío y agotado.

Hecha un ovillo en la carretera estaba Lisbeth, temblando de inconsolable dolor. Los vampiros no podían llorar, por lo que los dedos de la angustia se aferraban a sus gargantas con fuerza sin dejarles respirar y sin poder ahogarse, una agónica tortura. Katrina se agachó para intentar ayudarla a reincorporarse, pero el ofrecimiento fue recibido por un rechazo cansado. Se levantó ella misma a duras penas. Sin pronunciar una palabra se separó de ellos en dirección opuesta al pueblo.

-¡Lisbeth! ¡El sol está a punto de salir!-Le advirtió Katrina.

-¿Es que vas a darme cobijo?-Con la mirada señaló a Sam.-Él no te perdonará que lo hagas… yo tampoco te lo perdonaría… Tranquila.-Su figura pálida se perdió en el verde del bosque.

La niebla descendió cuando los primeros rayos de sol tocaron el suelo. Katrina miró a Sam, bajo sus ojos se habían dibujado unas ojeras que le iba a costar borrar. Dio unos pasos en su dirección preocupada por su estado.

-Ella le mató…-El tono de Sam vacilaba entre la pregunta y la afirmación.

Katrina asintió.

-Pero… cuando tú llegaste su cuerpo aún se movía… aún se…

Ella dio unos pasos más hasta estar frente a él.

-Aún hay algo que no has visto, porque son mis propios recuerdos ¿Crees que estás preparado?

Sam tomó su mano en respuesta.

***

“Corre”. Los bucles rubios de Sam desaparecen detrás de la casa. Katrina se vuelve en busca de su contrincante que había desaparecido entre la niebla. No andaba lejos, aún podía volver. Sus ojos repararon en el cuerpo del hombre que estaba tosiendo sangre, parecía que intentaba moverse desesperadamente hacia el lugar al que el niño se había dirigido. Katrina se agachó junto a él para valorar su estado. Las heridas eran profundas, era un milagro que aún estuviera con vida. El hombre miró a Katrina, su voz ahogada consiguió articular un mensaje.

-Sálvale…

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