Black Forest La Niebla | 06

                              **DISCLAIMER**
Esta novela contiene palabras malsonantes, consumo de drogas y escenas de violencia y/o abuso.

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BLACK FOREST, LA NIEBLA

Capítulo 6

“¿Me estás pidiendo una cita?”

In my mind

Ambos se acercaron a la barra. Al llegar allí, la luz del bar iluminó el rostro de Sam y sus ojos azules. El pelo moreno endurecía sus facciones, el bigote le sumaba años, la ropa estilizaba su cuerpo y parecía más alto, más maduro. Sam percibía la mirada de Katrina sobre él como un soplido cerca del oído. Sintió sus mejillas enrojecer bajo el maquillaje.

-¿Qu-qué? -Preguntó nervioso.

-Estoy muy sorprendida…

-Lo he hecho bien. -Dijo de forma socarrona sacudiéndose el nerviosismo de encima.

-Sí… Aunque Gómez no tiene los ojos azules.

-Y Morticia no tiene flequillo.

-Touché.

***

Gabriel se acercó a Dolce, un local de ambiente en el centro de Herish conocido por su música comercial. Un chico, camarero de la discoteca e hijo de los dueños, conocía a Gabriel porque los padres de ambos eran amigos. Después de todo, los padres de Gabriel también habían tenido un negocio en Herish antes de comprar el bar en Black Forest. La noche es un mundo de cortas dimensiones. Esto hacía que entrar no le supusiera ningún inconveniente a pesar de ser menor de edad.

-¡Gabi! Hacía bastante que no te veía…

-Hola Joel.-Dijo Gabriel apoyándose en la barra.-Sí,bueno… últimamente han pasado muchas cosas.

-Algo he oído… ¿Estás bien?

-Sí, no te preocupes.

-Puedes estar tranquilo, tiene la entrada prohibida desde que me enteré.

-Jo… Gracias…

-¿Y Yaki?

-Ha ido a una fiesta con los de Black Forest. No me apetecía mucho.

-No me digas que esos garrulos siguen metiéndose contigo…- Joel leyó la respuesta en los ojos de Gabriel.- Parece mentira que estemos en 2010.

-Sí… todo sigue igual… me siento un poco estancado, necesito que ocurra algo nuevo. Black Forest es muy pequeño.-Joel no le respondió, sus ojos se habían perdido al fondo de la sala en la segunda barra.-¿Qué estás mirando?

-Es que hace un momento ha entrado un tío… Lo malo es que parece mayor… mayor… la verdad es que no sabría calcular pero… ¡Wooow! No sé si me explico. Y nunca le había visto por aquí. Está allí, en la esquina. Lleva un traje gris.

-¿Traje? ¿Aquí?- A Gabriel le resultó extraño. Dolce era un lugar informal y además, se trataba de halloween. Pero allí estaba. Aquel hombre alto, esbelto, con un traje impecable, daba vueltas a los hielos en su vaso con un movimiento grácil y metódico. No debía estar siendo muy discreto porque los ojos del susodicho le cazaron observándole. Gabriel sintió su estómago encogerse y dio media vuelta en el taburete completamente avergonzado.

-Te ha pillado.-Dijo Joel muerto de risa.-Te está mirando.

-¡Cállate!-Sintió sus mejillas arder. Intentó convencerse así mismo de que la penumbra de la sala lo ocultaría… se quedó en eso… un intento.

-Cálmate chico. Ha parado, ya puedes volver a respirar.

Tras un largo suspiro Gabriel se atrevió a girarse de nuevo. Pero allí seguían esos ojos oscuros de los que era imposible definir el color. Con la mirada fija sobre él. Perenne.-¡Eres un mentiroso!

-Si lo sé no te digo nada, me lo has robado.

-¡No he hecho nada!

-Cierto… Ve a hablar con él.-Joel sonrió con diversión.

-¿Qué dices? Ni hablar… Es un hombre mayor…

-No creo que sea tan mayor tendrá como treinta… y algo. Vestido tan formal se echa años encima me da a mí la impresión.

-Me da igual , no voy a decirle nada.

-Pero si le gustas… y es evidente que él a ti también ¿No querías algo nuevo y excitante?

-¡No he dicho excitante en ningún momento!

Ante las negativas de Gabriel, Joel, levanta la mano y saluda al desconocido de la barra.

-¡¿Pero qué haces?! No tenía que haber venido ¡Soy tonto!-Gabriel entierra la cara entre las manos. Le miró un instante. El hombre de la barra dejó escapar una carcajada. Al deshacerse de aquel semblante tan serio si daba la sensación de ser más joven de lo que su vestimenta quería dar a entender.- Es demasiado guapo… me da miedo… me hará daño…-Volvió a esconderse entre sus palmas.

-Tú eres tonto.

-Ya lo he dicho, gracias.

Joel se alejó de Gabriel al otro extremo de la barra con toda la intención de dejarle solo. Gabriel pensó que sería para atender alguna demanda, sin embargo, se le quedó mirando endiabladamente con las cejas levantadas. Un remolino se le formó en la boca del estómago cuando entendió lo que estaba a punto de ocurrir.

-Puede que cometa un error, pero me atrevería a decir que eres un poco joven para estar aquí ¿Me equivoco?

El corazón de Gabriel latía a mil por hora y si la penumbra hasta ahora había ocultado el rubor de sus mejillas, seguro que a esas alturas ya no lo hacía.

-Sí… Emmm… P-pero los cumplo en enero así que… no me falta mucho así que…-Gabriel se entrecortaba y tartamudeaba como si no hablara en su idioma materno.

-Así que… no me equivocaba.

-No…¿Tú cuantos años tienes?

-Más que tú. Me llamo Hans, por cierto.-Hans le dedicó una sonrisa encantadora.

-Ay. Sí. Yo… Soy Gabriel… Encantado.

“Más que tú” La frase cayó entre ellos como un muro de piedra. Aunque joven, Gabriel era observador y sabía leer entre líneas. Seguía siendo incapaz de calcular cuanta edad tenía ese hombre ¿25? ¿30? ¿40? Fuese la que fuese, era suficiente como para que la diferencia le resultara demasiada como para hacer de Gabriel un candidato aceptable. Se sintió decepcionado. Acababa de conocerle y el inminente rechazo ya le estaba doliendo. “Es demasiado guapo”. Se recordó así mismo.

-Igualmente Gabriel.- Hans desvió la mirada un instante.- Disculpa debo volver con mis acompañantes. Ya nos saludaremos si… nos encontramos de nuevo.

-Sí…- “No te vayas…” suplicó mentalmente.

***

Un camarero se acercó a atender a Sam, le dio dos cervezas. Katrina le devolvió una mirada interrogante.

-No estás bebiendo nada, yo invito.

-Qué atento por tu parte.

-No es nada, la barra libre saca mi lado más generoso.

-Bueno, en realidad esta te la debía. -Katrina chocó el tercio de Sam para brindar.

-Cierto.-Dijo seguido de un trago largo, como si en el fondo del vidrio se hallara la fuente del valor. -Tú… también estás muy guapa…

-Nadie ha dicho que tú estés guapo, Sam.

-¡Ala!… Qué cruel… -Ambos rieron.

-Te sienta muy bien… eres muy atractivo. -Las palabras de Katrina trajeron el silencio y la tensión creció. -Pareces un caballero.

-Lo soy.

-¿Sí?.-Dijo levantando una ceja incrédula.

Sam extendió una mano delante de ella invitándola a bailar como lo haría un noble del siglo XVIII. Katrina aceptó la mano y se colocaron para bailar un vals. Sam llevó las manos de Katrina a su cuello, él descendió peligrosamente por la espalda de ella. Katrina acercó su cuerpo al suyo.

-No, no lo eres.-Le susurró al oído ahogando la risa.

-Mierda, me has pillado.

Volvieron a reír. Sam apoyó la frente sobre la de Katrina. Ella sostuvo su mirada, le acarició la mejilla, alzó los talones para ganar altura, sus labios se rozaron levemente despertando todos los instintos rabiosos por salir, pero Sam la detuvo. Katrina no lo entendía, buscó la mirada de él y la encontró lejos. Se dio la vuelta para descubrir a todos sus amigos cuchicheando sin perder detalle de la escena.

-Perdona.-Sam retrocedió a la barra, se apoyó en ella dando la espalda al público.

-¿Va todo bien?

-No.-Sam parecía asqueado. -¿Qué les pasa? ¿Es que no pueden dejarme en paz? Es que… no es lo que yo… No es así como… No quiero que sea un espectáculo. Me gustaría que…-Se le atragantaban las palabras y no fue capaz de continuar.

Katrina se sintió desvanecer en aquellos ojos azules. Verle esconderse de las miradas sacó a relucir un Sam que no había visto hasta ese momento.

-No me esperaba eso de ti.-Ella se acercó a su lado imitando la postura del chico.

-Ya es la segunda vez que me juzgas.

-Cierto, lo siento. En mi defensa diré que no suelo equivocarme.

-Soy una caja de sorpresas.-Dijo con media sonrisa

-Ya lo veo.

-Quizá… Podríamos ir a algún sitio juntos…

-¿Me estás pidiendo una cita?-Preguntó incrédula.

Sam se mordió el labio inferior, dio un sorbo de su tercio.-Sí.

-Me encantaría.

-¡Genial!-Sam sonreía como un niño. -¿Volvemos con los demás?

Katrina asintió. Regresaron con el resto del grupo que fingieron no haber visto nada. Sam y Katrina se buscaban con la mirada entre la gente y cada vez que sus ojos se encontraban se sonreían.

-Hey…-Leah le dio un codazo.- Losabíalosabíalosabíalosabía…

-Cállate que aún no ha pasado nada.-Dijo Katrina fingiendo inocencia.

-Ya ya…

-Oye… ¿Y Sara?

Leah miró a su alrededor.-No puede ser, estaba aquí hace un segundo. Estaba aquí cuando os estábamos mirand… -Katrina y Leah se miraron leyéndose el pensamiento.-Iré a la planta de arriba tu echa un ojo por aquí.-Propuso Leah.

-Vale.-Katrina se dirigía a los servicios de la primera planta cuando una mano sobre su hombro la detuvo.

-¿Ha pasado algo? -Preguntó Sam.

Katrina soltó un suspiro lleno de culpabilidad.-Sara…

-Voy contigo.

-No… no creo que sea una buena idea. Quédate. No tardaré.

Katrina se deslizó entre la gente. Sorteando, vampiros, hombres lobo y una novia cadáver, hasta salir de la pista de baile. De camino al baño se topó con la cola del ropero y en la cabeza había un ángel que le era familiar.

Leah subió las escaleras al piso de arriba. Una vez allí intentó atravesar la pista en la que sonaba otra música diferente a la de abajo y hacía vibrar todo su cuerpo, pero no era el momento. Apartando a la gente llegó al límite de un circulo en mitad del hall. Justo en el centro alguien disfrazado de esqueleto fluorescente bailaba con un ritmo frenético. Leah no pudo evitar quedarse clavada ante aquellos movimientos hipnóticos. Siempre se había sentido atraída por el talento, por eso había buscado sin descanso el suyo propio, skate, grafitti, baloncesto…

Los ojos oscuros dentro de la calavera se posaron en ella y sus mejillas se tiñeron del mismo color que su disfraz de demonio. Intentó acercarse, pero la canción terminó, el esqueleto se reunió con un grupo que le jaleaba por la actuación. Todo el mundo alrededor deshizo el círculo, Leah perdió de vista al esqueleto y resignada continuó su camino.

Mientras tanto en la cola del ropero…

-¡Sara!-Gritó Katrina por encima de la música, ella estaba ocupada cogiendo su abrigo de pelo blanco y no la escuchó. Katrina se acercó a ella y le tocó el hombro.-Sara no te vayas por favor. Lo siento, tendría que tener más cuidado…

-¡No! Katrina tranquila sólo… -Sara sacó del bolsillo interno del abrigo una cámara digital.-La he traído para hacernos unas fotos guays todos disfrazados y se me olvidó sacarla del abrigo…

-Ah…

-Os he preocupado, perdona debería haber avisado…

Katrina le dio un abrazo aliviada. -Me alegro un montón de que no quieras irte.

-¿Irme de este fiestón? Ni loca. Reconozco que es duro… pero sois mis amigos. Tengo que acostumbrarme a ello y si huyo no lo superaré nunca. Así que, me he prometido a mi misma que no lo volveré a hacer.-Dijo con una sonrisa.

Katrina se la devolvió sintiendo un gran orgullo por la fuerza de voluntad de su amiga. Ambas regresaron a la pista con el resto. Leah ya estaba allí, su cara se iluminó cuando vio a Sara aparecer con la cámara en la mano.

-Casi olvido que la había traído ¡Hagámonos una foto todos juntos!-Dijo Sara con emoción. Le pidió a un payaso aterrador que les hiciera la foto, él aceptó de buen grado.-¡Gracias!

Todos se colocaron en grupo. Cuando el payaso comenzó la cuenta atrás, Sam deslizó la mano por la palma de Katrina, sus dedos se entrelazaron.

***

-Jo… Gabi tienes que venir más a menudo…-Dijo Joel dándole un cariñoso abrazo.

-Lo haré lo prometo.

-Y ese tío es un estúpido, eres muy guapo, en serio.

-Estás borracho.

-Sí.-Ambos ríeron.- avísame cuando cojas el bus ¿Vale? Dales recuerdos a tus padres de mi parte.

-¡Claro! Adiós Joel.

La noche iniciaba la cuenta atrás. Los neones de colores de la ciudad se apagaban por turnos filtrando la escena en naranja por la iluminación de las farolas. Gabriel anduvo de camino a la parada rememorando a Hans y su enigmática forma de mirar, de hablar, de moverse.

-Has hablado con él 2 minutos, déjate la película en paz… idiota…-Se regañó a sí mismo.

-No te has quedado contento sólo con robarme mi vida si no que además también has hecho que me veten en el Dolce.

Gabriel tragó saliva. No necesitaba girarse para saber quién era. Aún le quedaba un tramo largo hasta la parada y en la calle no había ni un alma.

-Sabía que vendrías en Halloween… eres tan predecible…

-Arón… no puedes estar a menos de…

-500m. Sí, me lo sé. Relájate no he venido a hacerte nada. Sólo iba a tomarme una copa y no me han dejado entrar ¿Los dueños no eran amiguitos tuyos? Diles que se dejen de gilipolleces.

-Yo no tengo nada que ver con eso.

-Cómo que no… ¡¿Y entonces quién coño tiene que ver con eso?!

-Déjame, por favor.-Retrocedió un paso.

Gabriel notó cómo se le empañaban los ojos. Se daba rabia así mismo ¿Por qué no había llamado a la policía ya? ¿Por qué era tan débil? ¿Por qué había permitido que esta persona tuviera tanto control sobre su vida?

-Buenas noches.

Gabriel se apartó las lágrimas de la cara cuando vio a Hans aparecer. Llevaba las manos en los bolsillos del pantalón.

-Buenas.-Contestó Arón con los puños tensos.

-¿Hay algún problema?-Hans puso una mano amable sobre el hombro de Gabriel.

-¡No! No ha pasado nada. Solo estábamos…-Se apresuró Arón.

-Perdona que te interrumpa, le estaba preguntando a Gabriel.

-¿Qué? ¿Quién es este tío Gab?

-Vamos, te acompañaré a tu casa. Y tú.-Hans miró a Arón a los ojos por primera vez.- Vete a la tuya.

Arón se quedó helado un segundo. Dio media vuelta casi corriendo, en completo silencio. Gabriel se quedó sorprendido, era increíble. Había obedecido a la primera, sin encararse, sin siquiera rechistar. Claro que, el tono glacial de Hans no dejaba muchas opciones.

Había dejado de llorar hacía rato, pero sus mejillas seguían enrojecidas, no había esperanza en que aquello cambiara mientras Hans siguiera con su mano sobre su hombro. Se estaba convirtiendo en la zona más sensible de su cuerpo a cada segundo.

-¿Dónde vives?

-Tengo que coger un autobús aún queda un rato…

Hans parecía impaciente. Miró el reloj, debía de tener prisa. No era de extrañar, eran casi las 6 de la mañana. Acompañar a un crío a casa a esas horas no debe ser agradable para nadie.

Llegaron a la parada y Hans se adelantó para comprobar los horarios.

-Sale uno cada hora y media, así que al siguiente aún le deben quedar… unos 50 minutos.-Calculó Gabriel.

-Podría llevarte en coche.Yo también vivo en esta dirección…-Dijo Hans pensativo.

-¿De verdad?-El estómago de Gabriel se contrajo con pensar en aquella posibilidad.-¿Dónde vives?

-En Black Forest.

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