Black Forest La Niebla | 05

                              **DISCLAIMER**
Esta novela contiene palabras malsonantes, consumo de drogas y escenas de violencia y/o abuso.

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BLACK FOREST, LA NIEBLA

Capítulo 5

“Hay sensaciones que me gustan más”

One… Your name

Las luces de colores se golpeaban en las altas bóvedas del Castillo Blackesley . La música retumbaba en las paredes, viajaba por las vetas de las superficies y estallaba en las cajas torácicas de los asistentes que saltaban al ritmo.

-¡Esto es increíble! -Los ojos de Leah examinaban la casa de Katrina abiertos como platos. Por fuera era un castillo impresionante con un aspecto lúgubre pero su interior de suelos de madera, paredes de piedra y techos de yeso, en una simbiosis de épocas que sin tener que ver encajaban a la perfección. A pesar de la iluminación festiva se adivinaba cierto ambiente hogareño, que en una estancia tan amplia era algo difícil de conseguir.

-Sabía que os gustaría.-Dijo Katrina orgullosa de su fiesta.

Cómo Katrina advirtió todos los asistentes llevaban su propio disfraz. Leah y Sara iban a conjunto, Leah de diablo y Sara de ángel. Katrina llevaba un vestido negro de encaje ajustado hasta los pies donde se abría como la cola de una sirena. En sus manos llevaba unas uñas mucho más largas de lo habitual también negras. El pelo liso suelto hasta la cadera casi se mimetizaba con el vestido.

-¿Morticia?

-¡Sí!-Katrina dio una vuelta sobre sí misma.

-Estás guapísima.-Dijo Sara.

-¡Vosotras también!

-¿Y de dónde ha salido toda esta gente?-Preguntó Leah aún con los ojos como platos.

-Supongo que han visto el evento en facebook.

-¿Pero tú estás loca?

-Hay limitación de aforo tranquila.

Entre la gente apareció un Joker con la complexión de Tomás. Sonrió cuando su mirada se cruzó con las tres chicas.

-Hola, pensaba que me iba a costar una eternidad encontraros.

-¿Y los demás?-Preguntó Leah.

-Eso os iba a decir, el segurata en la puerta no les deja pasar.

Sara y Leah se giraron hacia Katrina estupefactas.

-¿Podemos hablar de lo mucho que he flipado cuando he visto que había seguridad?-Sara se llevó la mano a la boca escenificando la cara que puso en ese momento.

-No pensaríais que mi padre me dejaría hacer una fiesta así sin contratar seguridad…

-Joder, eres una niña rica.-Dijo Leah riéndose.

-Pues sí que has tardado en darte cuenta.-Le reprochó Katrina.

-No me malinterpretes me encanta.-Dijo Leah echando su media melena hacia atrás con desdén.-Vamos a ver que problema hay con ese par de idiotas.

Los cuatro amigos se dirigieron a la puerta. Allí estaban John y Sam discutiendo con el guardia que no parecía tener demasiada paciencia que gastar.

-Ya os he dicho que son las normas de la fiesta. Todos los invitados que han venido lo sabían. No se hacen excepciones.

-¡Somos amigos de Katrina!-Grito John.

-Igual que todos los demás.-Contestó el guardia.

-Hola, chicos ¿Qué ocurre?-Preguntó Katrina al llegar a la puerta.

-Tu gorila no nos deja pasar.-Dijo John increpando al enorme hombre de la puerta desde la espalda de Sam.

-Pues claro que no os va a dejar pasar. No venís disfrazados, os lo avisé.

Sam y John miraron a Katrina boquiabiertos, el portero se cruzó de brazos con aire de superioridad al escuchar como la anfitriona le daba la razón.

-Katrina tienes que estar de coña ¿De verdad no vas a dejarnos entrar?-Dijo Sam.

-Venga no puedes dejarles en la puerta.-Se compadeció Sara, el angelito, a la izquierda de Katrina.

-Ellos se lo han buscado, que no se hagan las víctimas ahora.- Dijo Leah, el demonio, a su derecha.

-Leah tía…-Sam volvió a protestar.

-Pobrecitos…-Murmuró Sara. Su halo brillaba por encima de su moño con los focos de colores que se colaban por la puerta abierta.

-De pobrecitos nada. Son las normas de la fiesta.-Sentenció Leah golpeando el suelo de piedra con su tridente rojo.

-¿Y se supone que me tengo que vestir como vosotras? ¿Me habéis visto cara de gilipollas?-Espetó John con rabia y envidia.

-¿Es una pregunta retórica?-Se le escapó a Sara entre risas.

En ese momento el DJ cambió de canción, la gente en el interior gritó y saltó ante el tema que todos conocían.

-Me encanta esta canción…-Dice Tomás que no había pronunciado palabra en todo el enfrentamiento.

-A mí también, entremos.-Katrina da media vuelta hacia el interior y los demás le siguieron salvo John y Sam que se quedaron abandonados fuera.

-¡Katrina!-Sam observó como se alejaba bailando entre la gente con aquel larguísimo vestido que se pegaba a ella como una segunda piel.-¿Pero por qué tienes que ser siempre tan capullo?

-No me quiero disfrazar es patético…

-Alejaos de la puerta para que el resto pueda entrar.-Ordenó el portero con tono severo.

-Un momento, estoy pensando…-Sam le daba vueltas a su coletilla buscando una solución milagrosa.

-Piensa rápido. Hay aforo.-Le informó.

-Mierda…

-Podemos ir a la fiesta a la que iba Arón, que nos acople.-Sugirió John.

-¡No quiero ir a esa fiesta! ¡Quiero ir a esta!-Sam señaló a la puerta y bajó las escaleras molesto. John se encontró con él abajo.

-¿Pero qué más da? Allí habrá chicas también, creo que estaba Jess…-Dijo dándole un codazo. Sam ni se inmutó, seguía mirando la puerta por la que Katrina había desaparecido.-Arón tiene razón, solo es una niña rica.

Mirando aquel castillo repleto de gente, barra libre, katering, seguridad y DJ privado, a Sam se le hacía difícil negar lo evidente.

-Yo pensaba que ya os habíais liado. Creía que a ti al menos te dejaría entrar por eso.

-No… pensé que en mi cumpleaños… bueno me dio la impresión de que había… algo. De todos modos no pasó nada.

-Eso es muy raro en ti… A lo mejor te ha rechazado y no te has enterado.

-Eso solo te pasa a ti.

-¿Cuándo me ha pasado a mí eso?-John sonaba ofendido.

-Jess…

-Jess no me ha rechazado.

-Da igual.-Sam soltó una risa cansada.-No me ha rechazado porque tampoco he intentado nada.-Sam se volvió a llevar la mano a la coletilla.-No me he atrevido…

John suspiró ante la imagen de su amigo embelesado.-Venga vamos.-Dijo.

-¿A dónde?

-A mi casa tengo una idea. Pero si consigo que entremos en esa fiesta… Tienes que intentar algo esta noche.

***

Katrina, Leah, Sara y Tomás bailaban bajo las luces multicolores al ritmo de la música, con su bebida en las manos, rodeados de zombies, vampiros, muñecas diabólicas y todo tipo de seres sobrenaturales.

-¡Esto es genial! Aún no me puedo creer la que has montado.-Leah giraba sobre sí misma con los ojos cómo platos.

-Me siento un poco mal por Sam…-Dijo Sara.

-Pues yo no.-A Leah no se le borraba la sonrisa de la cara.-Solo hay una cosa que echo un poco en falta.-Con esas palabras le echó a Tomás una mirada maliciosa.-Dijiste que traerías… ¿Has traído?

Tomás respondió con cara de asombro.

-¿Traer el qué?-Preguntó Katrina curiosa.

El chico suspiró acorralado.-He traído…-Sacó del bolsillo unos tubitos de un papel que transparentaba un color oscuro.

-¡¿Has traído porros?!-Gritó Sara.-¡Eso es ilegal!

-Dilo más alto que el DJ no te ha oído.-Susurró Tomás.

-Tranquilo… No pasa nada.-Katrina reía ante la cara de susto de Tomás.-Aunque… la próxima vez… trae galletas.

Todos rieron ante la propuesta.

***

-No sé tío…

-¡Qué sí! Que esto lo usa mi madre para teñirse la raíz y en un segundo ¡BAM! Moreno.-John hizo el gesto de una explosión para acompañar su discurso.-Y después de ducharte se va.

-Bueno… si tú lo dices…-Sam no parecía muy convencido.

-Podemos pintarnos la cara con esto.-El chico abrió varios cajones del armarito blanco del baño repletos de maquillaje.

-¿Estás seguro de que podemos?

-Mientras dejemos todo como estaba no pasará nada.

-Sara nos va a matar.

-Puede.-John rio imaginándose la cara enfadada de su hermana.

Sam leyó las instrucciones del tinte en spray varias veces para sí mismo, mientras, John se pintaba heridas y moratones en la cara. Decidido apretó el spray con fuerza y apuntándose al cuero cabelludo.

-¿Y ahora?

-El tío ese lo lleva engominado hacia atrás.-John miraba una foto de referencia en el ordenador portátil.-Oye y con la coletilla ¿Qué vas a hacer?

-La esconderé dentro de la camisa… pero necesito un traje…

-Se lo pillamos a mi padre, además creo que tiene una chaqueta de rayas igual.

-¿En serio? No le pega nada.

Los dos chicos rebuscaban en el vestidor del padre de John entre trajes y trajes de ejecutivo.

-Aquí no hay nada que se parezca a eso…

-Pero si yo he visto una que era casi igual…

-Pues lo has soñado tío.

-¿Qué estáis haciendo?

La madre de John era una mujer elegante con un moño alto y un traje de dos piezas de chaqueta y falda ambos de rayas negras y blancas. Les observaba desde la puerta atónita ante la escena, un Sam moreno, con bigote y un John con la cara blanca ensangrentada estaban metidos en el armario entre las chaquetas de su marido.

-Mamá…-Entonces a John se le encendió la bombilla, la chaqueta que recordaba no era de su padre.-Mamá necesito que nos hagas un favor…

Su madre alzó una ceja negra y puntiaguda.

***

-Ya la verdad es que a mí Arón… nunca me ha caído demasiado bien.-Confesó Tomás.

-Porque es un capullo y le cae bien a los capullos como él…-Añadió Leah.

-¡Sam no es un capullo!-Protestó Sara.

-¿Y cómo habéis acabado siendo sus amigos entonces?-La curiosidad en Katrina era palpable. Estaba claro que aquel chico no desprendía la mejor de las sensaciones precisamente.

-Amigos, amigos…-Dudó Leah.

-Arón y Sam empezaron a juntarse… cuando…-Sara se mordió el labio inferior sin saber si continuar o no.

-Cuando el padre de Sam falleció.-Dijo Leah.

-Leah…-Tomás la detuvo, pero tarde.

-Es Katrina ¡Vamos! -Leah puso los ojos en blanco.- Cuando su padre murió, Arón, se le acercó porque según él “era el único que le entendía”, básicamente porque el padre de Arón les abandonó a él y a su madre cuando era un enano. Sinceramente, no creo que tenga nada que ver, lo de Arón es una tragedia también, pero su padre era un maltratador creo que le hizo un favor en el fondo.

-El padre de Sam era un encanto…-Sara se veía realmente apenada.- Era profesor de música en el colegio… Todos le queríamos.

-Además fue tan… repentino. Le atropelló un camión o algo así, dijeron que debía ser un vehículo muy grande a mucha velocidad, pero se dio a la fuga y nunca más se supo. Fue un golpe muy duro para Sam, tiene unas pesadillas horribles desde entonces… ya te lo contará él en algún momento.-Explicó Tomás.

-¡Eh! ¡Hijos de puta! Os la estáis fumando sin nosotros.-Gritó John al alcanzar al grupo a través de la gente.

-Lo de gritar es cosa de familia ¿No?-Preguntó Tomás a Sara que le contestó con una risa sincera.

John iba vestido con una ropa rasgada, cubierta de sangre falsa, en su cara tenía cicatrices y moratones. Había optado por la vía rápida: el disfraz de zombie. Por detrás de él llegaba Sam, con un traje con chaqueta a rayas entallada, la cara completamente blanca, bigote y el pelo teñido de moreno. Katrina perdió la compostura cuando sus ojos se encontraron. Sam le sonrió de medio lado sabía que había reconocido al personaje y eso ya era un éxito, tendría que agradecérselo a John.

-Gómez…-Dijo Katrina paseando la mirada por el traje de Sam.

-¿Gómez?-Preguntó Tomás.

-El marido de Morticia Addams.-Le susurró Leah alzando las cejas divertida.-Como nos llegue la onda expansiva del fichote nos mata.

Sam se acercó a Katrina que tenía el porro entre sus dedos. Se lo llevó a los labios y exhaló el humo frente al chico. Ella se lo pasó levantándolo con dos dedos.

-La verdad es que la última vez no me sentó muy bien… le he cogido un pelín de miedo.

-¿Miedo? Eso es nuevo.

-No, que va.-Negó con la cabeza.- Por cierto, creía que te daba asco fumar.-Comentó.

-Me da asco el tabaco… el olor de la maría no está tan mal, aunque no lo tomes como costumbre.

Sam rio.-Así que te gusta el olor, la sensación es secundaria ¿no?

-Hay sensaciones que me gustan más.

Los ojos de Katrina observaban a Sam con el color más explicito atravesando sus pupilas, casi podía oír sus pensamientos… o quizá los confundía con los suyos. Sam tragó saliva. Katrina era demasiado, le hacía pequeño con tanta facilidad que asustaba. Derrumbaba todas sus defensas con una tempestad de proporciones épicas..

-Katrina… ¿Tu nombre es una especie de advertencia?

-No digas que no te avisé.-Sonrió divertida.

-Sam carraspeó.-¿Dónde… puedo conseguir algo de beber en este antro?

-¿Estás ciego ya?-Katrina señaló la barra a unos metros.

Sam entrelazó su mano con la suya y le susurró al oído.-¿Me acompañas?

Separó su rostro y sintió su estómago contraerse como si saltara al vacío, ella estaba tan cerca. Sus ojos depredadores brillaban con la luz rojiza al posarse sobre los labios de Sam por un segundo. Asintió. Si Katrina era un huracán, Sam quería ser arrastrado.

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