Black Forest La Niebla | 07

                              **DISCLAIMER**
Esta novela contiene palabras malsonantes, consumo de drogas y escenas de violencia y/o abuso.

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BLACK FOREST, LA NIEBLA

Capítulo 7

“Estás más guapa cuando estás calladita”

I Thank god I’m not you

La semana comenzaba. Sam iba de camino al instituto al que no había faltado más desde su cumpleaños. Todo un récord para él. Resultaría ridículo tratar de fingir que se estaba tomando el año en serio, cuando solo existía una razón para su responsabilidad.

La razón se acercaba a él con el sonido sigiloso de su moto eléctrica. Frenó en el arcén delante de él. Abrió el asiento y sacó un casco negro.

-¡Déjame conducirla!-Dijo con entusiasmo.

-¿Qué dices? Ni hablar.-Negó ella rotundamente.

-Venga, no seas muermo Katrina, el camino es todo recto y supercorto será fácil.

-La curva en el aparcamiento está en cuesta, puedes llevarte por delante a todo el que esté en la puerta.

-Tampoco perderemos nada valioso.

-O de paquete, o andando. Tú decides.

-Aburrida.- Sam se puso el casco. Se sentó detrás de Katrina agarrando su cintura. “Tiene su lado positivo” pensó.

En unos 2 minutos estaban aparcando. Sam se quitó el casco aún sentado en la moto. Katrina se quitó el suyo, miró a su espalda cruzando sus ojos con el azul pálido de Sam que la observaba a pocos centímetros.

-¿Ha llegado el viernes ya?- Preguntó Sam.

-Lo siento… pero es lunes.

-¡Hagamos pellas!

-Tentador…

-¡De eso nada!-Gritó Leah.-Si yo pringo aquí pringa todo el mundo.

-Agua fiestas.-Susurró Sam.

Katrina pasó la pierna por encima de los mandos de la moto con agilidad.-Vamos pasará rápido.

-Mentira.

-Sí.-contestó ella con una sonrisa hipnótica.

***

-Pronto haremos una visita a la Iglesia de Black Forest y a las minas de plomo. Haremos un recorrido hasta el lago.-Explicó Olivia en la pizarra.-Nos servirá de introducción para la siguiente unidad del temario de historia.

-Bufff… -Resopló Leah sin disimulo.

-¿Ocurre algo Leah?-Preguntó la profesora.

Leah se enderezó en su asiento.-No… es que esa vieja historia de las minas… ya nos la sabemos…

-Bueno en ese caso tengo una buena noticia, porque estoy pensando en que hagáis un trabajo por parejas más adelante. Estoy segura de que el suyo será el más ameno de todos.

-Genial…-Susurró con tono desalentador.

La campana sonó marcando el final del día.

-¿Podré hacer el trabajo sobre día más aburrido de la historia?-Preguntó Leah

-Lo que te pasa es que estás deseando ir a baile.-Respondió Sara levantando las cejas segura de su predicción.

-¡SÍ!-Dijo Leah saltando de la emoción.

-Qué pesada…

-¡Es verdad, empezabas hoy!- Dijo Katrina.

-¡Estoy tan contenta! Voy a dar Hip Hop, Break Dance, Locking…

-Llevas así todo el fin de semana ¿En qué momento te has vuelto una loca por el baile?-Sara puso los ojos en blanco.

-Pues… este fin de semana.

Las chicas llegaron a la salida del instituto. Leah salió corriendo bolsa en mano, caminó a la parada del autobús despidiéndose a gritos de sus amigas.

-¿Has visto salir a Sam?

-Si hubiera salido ya estaría esperándote.-Intuyó Sara.-No tardará… Me voy adelantando ¿Vale?

-Claro. Hasta mañana.-Se despidió agitando la mano.

Katrina esperó a Sam en el aparcamiento apoyada en su moto. El tiempo pasaba, Katrina era la única que quedaba en el área. Empezaba a impacientarse, miraba la hora sin entender el qué le mantenía aún dentro. Finalmente, se decidió a entrar a buscarle.

Siguió los pasillos hasta la clase, pero estaba cerrada y obviamente vacía. Cuando se dirigía a ir a buscar al patio escuchó voces en el baño de chicas. Voces masculinas y entre ellas… la de Sam.

-Vamos sal de ahí, marica.

-Hay que ser nenaza para esconderse en el baño de las chicas.

-¿Cómo vamos a devolverte nada si no sales?

Katrina abrió la puerta y allí estaban; Sam, John y un chico del que no sabía el nombre. Los tres frente a uno de los cubículos que parecía ocupado y cerrado por dentro.

-¿Qué estáis haciendo?-Preguntó Katrina sin necesidad de respuesta.

-Lárgate, esto no tiene nada que ver contigo niñ…-El chico sin nombre fue interrumpido por un manotazo de Sam en el pecho.

-Vete a casa Katrina.-Dijo Sam.

-¿Quién hay ahí dentro?-Le bastaba con escuchar aquella orden impertinente para hacer caso omiso.

-Tranquila no es una chica solo es el subnormal de Gabriel.-Expuso John.

Katrina se colocó entre ellos y la puerta con actitud desafiante.

-Se acabó la fiesta fuera de aquí.

-¿Pero qué haces gilipollas?

-¡No la insultes!- Espetó Sam ante el comentario del muchacho desconocido.-Katrina no hagas el idiota y vete.

-¿Y si no me voy?-Katrina dejó a Sam sin habla.-¿No tienes un plan B? No me voy a ir.

-Venga ya Katrina no pintas nada aquí.-Dijo John a desgana.

-He dicho que no.-Katrina cruzó los brazos sobre su pecho sin cambiar la expresión segura y altiva de su rostro.

-Estás más guapa cuando estás calladita. -Dijo Sam.

-Pues tienes suerte porque no pienso volver a hablarte. Sobrará que te diga que ya puedes despedirte de nuestra cita.

-¿Cita?-John miró atónito a Sam.-¿Ahora vas de cita?

-¿Vas a comprarle flores?-Preguntó el desconocido. Los dos se rieron a carcajadas de Sam que enrojecía de furia y vergüenza.

-Sí… Sí que sobraba.-Sam salió de allí dando un portazo seguido por los dos restantes que aún se les oía por los pasillos riéndose en tono burlón.

Katrina dejó escapar un resoplido de cansancio. No era algo nuevo, Leah y Sara se lo habían contado, pero verlo en persona era demasiada realidad de golpe para no sentir decepción. A su espalda la puerta del cubículo se abrió lentamente. Tras ella apareció un Gabriel, sin gafas, empapado de la cabeza a los pies. El suelo, el retrete y las paredes estaban cubiertos de agua y papel higiénico. Sus ojos se pararon en un cubo de fregar tirado a un lado.

-¿Estás bien?

Gabriel asintió en silencio mientras sus lágrimas se mezclaban con el agua sucia. Katrina le abrazó y el muchacho lloró desconsoladamente en su hombro.

-Te estoy mojando la ropa.-Dijo Gabriel entre sollozos.

-No pasa nada. Puedo llevarte a casa ¿Quieres?

El chico volvió a asentir quitándose las lágrimas de la cara. Katrina no podía entender la motivación que podía tener nadie para tratar así a un compañero. Por más vueltas que le daba solo conseguía sentirse peor.

Gabriel se agarró con fuerza a la espalda de Katrina. Parecía que le asustaba la moto, por lo que aminoró la velocidad. Para cuando llegaron, Gabriel parecía más calmado aunque tiritaba de frío dentro de su ropa empapada.

-Gracias, Katrina… gracias por todo…

-No hay de qué.

-Hasta… mañana.

-Hasta mañana, Gab.

Gabriel se sorprendió, Katrina le trataba con mucha familiaridad no se imaginaba que estar con ella sería tan agradable. Hasta ese momento le había parecido una persona inalcanzable.

-Sam…-Cuando Gabriel pronunció ese nombre Katrina estaba a punto de arrancar y paró en seco.-Él… no ha sido…

-Pero estaba allí y no les detuvo ¿Verdad?

-Sois amigos…-Gabriel se miró los pies.

-Oye… que hayamos discutido no es culpa tuya. Y sabiendo como es… no necesito amigos así.

-Yo puedo ser tu amigo si quieres…

-¡Claro! Genial.-Katrina sonrió y Gabriel se contagió.

***

-Hola

-Buenas tardes.-Contestó el recepcionista.

-¿Sabe dónde está el aula de danza urbana?-Leah tamborileaba los dedos en el mostrador con nerviosismo.

-La clase ya ha empezado…

-Lo sé… he perdido el bus…

-Es en el segundo piso aula 3.

-¡Gracias!-Leah salió corriendo escaleras arriba. El volumen de la música aumentaba con cada escalón. La canción le sonaba familiar. Abrió la puerta sin pensarlo dos veces. El interior era una sala diáfana con un gran espejo frente al que bailaban un grupo de unas 10 personas coordinadas. Leah reconoció los pasos al instante, era el mismo baile frenético del esqueleto de la fiesta. Se movió por la sala buscando un hueco para unirse cuando el pelo rizado votando tras una bandana de una de las chicas le llamó la atención. Sus ojos negros se cruzaron con los suyos y Leah lo capto al instante.”Yakima”.

Esa chica tímida y reservada. Compañera de clase desde que podía recordar, estaba allí, moviéndose al ritmo de la música como si fuera la cosa más sencilla del mundo. No le quedaba duda. El esqueleto bailarín de la fiesta era ella.

La clase transcurrió deprisa entre bailes, algún que otro traspié y miradas esquivas. Leah salió del vestuario con su chaqueta bajo el brazo. Al salir no vio ni rastro de Yakima. Cuando estaba caminando de vuelta a la parada del autobús se la encontró a punto de subir al vehículo. Tuvo que correr parra llegar a tiempo.

-Gracias…-Le dijo entre jadeos al conductor que había esperado con la puerta abierta.

Anduvo por el pasillo angosto entre asientos en busca de uno libre. Justo encontró uno delante de Yakima que bajó la mirada cuando sus ojos coincidieron. De rodillas sobre el asiento, Leah apoyó el peso de su cuerpo en el respaldo para hablar con ella más a gusto.

-¡Hola! No he podido saludarte en toda la hora ¿No es increíble que estemos juntas?-Leah parecía entusiasmada.

-Eh…

-¡Bailas genial! Nunca lo habría imaginado… a ver… es que siempre te he visto tan callada… No te imaginaba así para nada.

-Ya…

-¿Me has visto a mí? Parezco un pato…

-El primer día es normal…

-¿Cuánto tiempo llevas tú?

-Pues… 4 años.

-¡Wow! ¡Tienes mucho talento! Me he quedado alucinada. Cuando te vi en la fiesta de Katrina ni se me pasó por la cabeza que fueras tú… ¡Qué fuerte!-Leah se percató de que Yakima sostenía un cuaderno en las rodillas, sobre el papel se distinguía el principio de un boceto a medias.-¿También dibujas?

-Sí bueno…-Yakima se entrecortaba.-Nunca lo había intentado en serio… pero Gabriel me regaló esta libreta por mi cumpleaños y…

-¿Puedo verla…

-¡No!-Yakima apartó el cuaderno de forma más agresiva de lo que pretendía.-Es que… aún no se me da muy bien…

-Seguro que con la práctica te irá genial, a mí también me pasaba. Dibujaba caras con un solo ojo porque era incapaz de dibujar el segundo.-Ambas rieron.-Tengo un blog en el que subo los míos…-Leah cogió el lápiz de entre los dedos de Yakima, con la mirada le preguntó si podía escribir en la hoja del cuaderno. Yakima asintió.-Es una red social para dibujantes, puedes subir los tuyos, la gente los ve y los comparte. Este es mi usuario.

-¡Eh! ¡La rubita tardona!-Gritó el conductor.-Siéntate bien que es peligroso.

Leah obedeció poniendo mala cara. Entre los asientos Yakima extendió la mano con un trocito de papel.

-Este es el mío.-susurró.

***

-¡Otra ronda!

-De eso nada, ya va tocando volver a casa.

-Venga ya Mar… solo una más…

-Eso dijiste de la anterior Linda, ya está bien. Sam debe estar esperándote en casa…

-Sam… Mi hijo me odia…-Linda se derrumbó en la barra con los rizos despeinados tapando su rostro.

-Linda.-Mar echó un vistazo al local al fondo de la cocina estaba Gabriel fregando unos vasos.-¡Gabi! ¿Puedes recoger tú? Voy a acompañar a Linda a su casa.

-¿Y papá?… Tengo que acostarme…

-Tu padre está limpiando abajo en la bodega ¿Quieres cambiarle la tarea?

-No…

-Pues recoge las sillas, no tardaré.

Mar salió del bar agarrando a Linda que apenas podía mantenerse en pie.

Resignado, Gabriel comenzó a apilar las sillas. La puerta se volvió a abrir a su espalda.

-Lo siento, hemos cerrado.-Dijo sin mirar.

-Solo venía a comprar un paquete de tabaco.

Ese timbre de voz hizo que su estómago se oprimiera.-¡Hans!-Gabriel enrojeció de inmediato. Esto sí que no se lo esperaba.

-¿Trabajas aquí?

La entonación de Hans era de pregunta, sin embargo, algo le dijo a Gabriel que él ya sabía la respuesta.

-Es el bar de mis padres… La máquina está allí.-Dijo señalando la esquina derecha del fondo y volvió a las sillas.

Tras observar a Gabriel un momento, Hans, se puso a apilar las mesas.

-¡Oh! ¡No! Eres muy amable, pero no hace falta…

-No es molestia.

Un silencio espeso y desesperante se instaló en el bar. Gabriel miraba a Hans a tientas de vez en cuando, esa noche también llevaba traje, el pelo perfecto, mandíbula cuadrada. Durante una de esas miradas que duró más de lo recomendable, los ojos de Hans se encontraron con los suyos. Y bajo los fluorescentes del bar pudo comprobar que eran verdes, oscuros, pero verdes. Hans. El primer ser humano que bajo aquella luz seguía siendo increíblemente atractivo.

-¿Qué tal te ha ido hoy?

-E-eh…-Gabriel buscaba sus propias palabras en algún lugar recóndito de su cerebro. Estaba seguro de saber hablar su propio idioma ¿O no?-Ah… bien… todo bien.

-¿Seguro?-Hans no parecía convencido con aquella respuesta, levantó una ceja inquisitiva.

-Bueno… unos idiotas me han encerrado en el baño… nada importante.-Explicó sin quitar la vista de las mesas que limpiaba.

-Se meten contigo.-Hans se acercó a él y puso una mano en su hombro.

-A veces…-De nuevo la mano en el hombro, el mismo hombro que no había conseguido recuperarse desde la noche de Halloween.

-¿Es por tu orientación sexual?

-¡Sshh!-Chistó Gabriel.-Está mi padre en la bodega.

-¿Tus padres no lo saben?… ¿No tienes ningún apoyo?

-¡Sí! Está Yakima, es mi mejor amiga… Y Katrina… también

Hans se echó el pelo hacia atrás en un intento por calmar la rabia que inevitablemente le producía la situación. El gesto provocó que su peinado perfecto se descolocara ligeramente. Gabriel contuvo un suspiro.

-A lo mejor… También tengo… ¿Tu apoyo?-Dijo el muchacho dubitativo. En su fuero interno suplicaba por una respuesta afirmativa.

-¿Yo? Ah…-Aquellas palabras pillaron a Hans por sorpresa y, por primera vez, le constó formular una frase.- Sí, claro… yo…-Hans sacó un bolígrafo del bolsillo interno de su chaqueta mientras buscaba a su alrededor. Tomó una servilleta de papel de las que descansaban en la barra.-Este… es mi número. Me paso el día trabajando, pero si puedo ayudar o necesitas algo… Ten.

Agarró la servilleta que le tendió entre sus manos. Miró los nueve dígitos. Nunca un trozo de papel había contenido una información más preciada que esa.

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