Black Forest La Niebla | 20

                              **DISCLAIMER**
Esta novela contiene palabras malsonantes, consumo de drogas y escenas de violencia y/o abuso.

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BLACK FOREST, LA NIEBLA

Capítulo 20

“¿Te ha mandado para convencerme?”

Thought Contagion

Sonó el despertador. Un incipiente dolor de cabeza amenazaba con instalarse desde el inicio hasta el final del día. Una resaca sin ola. Sam parpadeó en la oscuridad de su habitación. A su mente regresaron las imágenes de la noche anterior. La niña albina, sus ojos rojos, aquella boca monstruosa, Katrina llena de ira…

En el camino en coche de Herish a Black Forest le explicó de dónde había salido Lizbeth. Le habló de Constantine. De las minas de plomo. De como la convirtió en vampiro. Se lo contó todo, o al menos todo lo que Sam estaba dispuesto a escuchar. “Me ha echado de su cabeza… y al no ser un vampiro solo puede significar una cosa”. “El mismo lugar… los mismos ojos azules”. Aquellas frases aún se repetían a coro. Pero no había sido capaz de preguntar por su significado. Algo muy dentro de él le suplicaba por una respuesta, sin embargo el frío acallaba la voz llevándose el valor para enfrentarse a la verdad.

El sonido de notificación del teléfono le sacó del bucle.

Era un mensaje de John, el asunto decía “No te lo pierdas”, en el interior del mensaje una foto. Leah y Yakima besándose.

***

Cómo era de esperarse, él no había sido el único en recibir la foto. En el instituto todo el mundo cuchicheaba y reía por las esquinas. Una noticia así en un lugar tan pequeño era una bomba. Una bomba que estalló salpicando por todas partes.

-¿A ti quién te lo ha enviado?- Preguntó Leah estresada.

-Me lo ha pasado una chica de clase, le pregunté de dónde lo había sacado y resulta que recibió un mail de alguien, no sabe quién es, tenía puesto en copia a todo el mundo.-Respondió Sara enseñándole el chat con la chica en cuestión.

-¡¿Y quién coño ha hecho esa foto?!

-Tampoco lo sé…

-Hola, chicas.-Saludó Katrina al alcanzar a sus amigas.

-Hola… ¿Tú te has…-Empezó Sara.

-La foto ¿no?

-¿Tú también? ¿Quién te la ha mandado?

-Pues…-Katrina les enseñó la bandeja de entrada de sus mensajes.-Con la fiesta de Halloween le di mi contacto a mucha gente y… prácticamente toda mi agenda me ha enviado la foto.

-Joder…-Leah vió a lo lejos a Yakima que entraba en clase con Gabriel. Se apresuró para hablar con ella.- ¡Yaki! Oye has visto…

-Sí, lo he visto… Hablemos al final del día, cuando podamos estar solas ¿Vale?-Yakima sonó algo más cortante de lo que pretendía. Se le notaba nerviosa.

-Vale…-Leah vio como se marchaba quedándose con una sensación de vacío difícil de ignorar.

Sara le puso la mano sobre el hombro en señal de apoyo, aunque no parecía tener mucho efecto, Leah no se apartó.

-¡Ey! Hola.- Sam se acercó a ellas saludando con la mano.-Eh, Leah… ¿Estás bien?

-Estoy bien.-Dijo seria, sin separar la vista del suelo. Sam hizo el intento de darle un abrazo de consuelo y ella levantó la mano para detenerle.- ¡No! No me abracéis… Vamos a clase.-Leah se adelantó hacia el interior del edificio seguida por el resto.

Al pasar, los susurros y risas maliciosas no se esforzaban demasiado por ocultarse.

-Va a ser un día horrible…-Dijo Leah para sí.

Durante la clase, Sam, sintió la mirada de Katrina. Sus ojos se encontraron alguna que otra vez. La distancia entre ellos había crecido de forma considerable. Tanto era así, que ya no sentía a Katrina como una persona conocida y eso le dolía.

El talón de Leah golpeteaba de forma insistente el suelo. El tiempo se le hacía eterno. Contaba los minutos para poder hablar con Yakima. Imaginaba que no podría ser hasta que se vieran en la parada del autobús para ir a la academia de baile. Eran unas horas que se sentían como años.

***

Sonó la campana. Yakima fue la primera en levantarse, ya tenía todo recogido. Salió de la clase a toda velocidad. Leah salió tras ella, siguió sus pasos por el pasillo hasta que un par de chicos se pararon al verla. Se dirigieron a ella en tono burlón.

-¡Eh! ¡Tú! ¿Qué pasa que con una madre gitana y un padre poli no tenías bastante? ¿Tenías que ser bollera también?- Los dos muchachos rieron a carcajadas.

Leah no pudo detenerse. Se acercó a ellos y les empujó lejos de Yakima.

-¿Y se puede saber que problema tenéis vosotros con nada de eso?

-¡Eh! ¡Eh! Ninguno. Estábamos de broma.

-¿Sí? Podéis meteros vuestras bromas por el culo.

-Leah… déjalo…-Le pidió Yakima con voz conciliadora.

-Sí, hazle caso a tu “novia”.

-¡Es lo mejor que puedo hacer!-Leah cogió a Yakima de la mano entrelazando los dedos con los suyos. Juntas atravesaron el pasillo en plena hora de salida ante los ojos de todos los estudiantes. Yakima miró a Leah, caminaba con la cabeza alta, orgullosa, triunfal y no fue capaz de otra cosa más que de sonreír ampliamente a su lado.

No soltó su mano hasta llegar a la parada del autobús.

-Siento el espectáculo…

-No ha sido culpa tuya…-Hubo un pequeño silencio entre ellas.-La verdad es que suena un poco a chiste ¿No?

-¿El qué?

-Una gitana, bollera con un padre poli entra en un bar…

-Mierda… -Leah se rio de puro nerviosismo acumulado.- Lo he pasado muy mal hoy…

-Yo también… Mis padres se han enterado…

-¿En serio? ¿Qué han dicho?

-Creo que algo intuían… pero para nada era la forma en que yo hubiera querido…

-Ya… Mis padres aún no me han dicho nada, aun así es cuestión de tiempo que alguien se lo diga.

-Tu madre es genial. Seguro que irá bien.

-A lo mejor ya lo había visto es sus cartas…

-¿Te imaginas? Puede que lo supiera antes que tú.-Conspiró Yakima con los ojos muy abiertos.

-Es una pena, porque… -Leah sacó el teléfono y le enseñó a Yakima su fondo de pantalla.-Sales muy guapa.

-¡No es verdad! -Yakima agarró el móvil para verlo bien. Allí estaban, las dos con el pelo empapado por la lluvia besándose enfrente de la parada del bus. Sintió sus mejillas enrojecer-Tengo el rizo alborotado…

-No estás mirando la misma foto que yo.

***

-¡Ey! ¡Sam! Espera un momento.-Gabriel corrió el tramo que les separaba. Sam aminoró el paso sin llegar a detenerse.

-¡Gabriel! Tú no vives en esta dirección…

-Ya… Quería hablar conmigo…

Sam le leyó la mente. Lo entendía, había guardado un secreto tan grande demasiado tiempo y necesitaba desahogarse. Para su mala suerte, Sam no estaba por la labor de charlar sobre lo que había ocurrido.

-He visto que estás evitando a Katrina…

-¿Y?

-Creía que hablaría contigo después de dejarme en casa… creía que te explicaría…

-Me explicó más que suficiente para saber que estoy mejor lejos de todo esto.

-Pero Sam… ¿No es gracias a ella que tu madre…

-Sí.-Sam se detuvo en seco.- También sé que es un vampiro, que ha matado a gente, que puede meterse en mi cabeza y hacer lo que le dé la gana… Suficiente.

-Están aquí por algo… y tiene que ver contigo…

-No me importa.-Sam apretó la mandíbula apresurando sus zancadas para alejarse del chico.

-¡Se van a ir Sam! Me lo ha dicho Hans… nunca están en el mismo sitio mucho tiempo…

-¿Te ha mandado para convencerme?

-¡No!-Aquella suposición ofendió a Gabriel.

-Ni siquiera puedes saberlo… Y si… ¿Y si se han metido en tu cabeza?

Esa pregunta se suspendió entre ellos, pesada y dolorosa. Gabriel no tenía modo de probar que se equivocaba, así que dejó el espacio en blanco.

-Yo no te diré con quien debes o no juntarte… no lo hagas tú tampoco.-Con aquella frase Sam tomó la delantera dejando a Gabriel atrás.

Gabriel observó la espalda pesarosa del chico un momento antes de dar media vuelta para retomar su camino a casa.

***

-¡Ya estoy!

-¡Sara! Ya que vas a subir… ¿Puedes decirle a tu hermano que baje? Su profesor ha vuelto a llamar…-Dijo su padre con voz cansada.

-Sí, papá.-Sara siguió su camino por las escaleras de madera.

Tras dejar la mochila en la cama atravesó el pasillo color crema. La puerta de John estaba entreabierta. Podía escucharle hablar por teléfono con alguien. Pensaba entrar e interrumpir su conversación sin contemplaciones cuando las palabras que escuchó le pararon en seco.

-¡Que no Joder! Que solo se la he pasado a Sam y a un par de tíos de mi clase nada más… no sé quién la ha difundido en ese mail… Además ¿Por qué te importa? Si ha pasado de ti para liarse con “esa”. Ya… ¡Ya lo sé! Da igual, la tiene todo el mundo es imposible que se entere de que la hiciste tú.

Sara se llevó la mano a la boca dando un par de pasos hacia atrás hasta que sus piernas chocaron con su cama. Las elucubraciones dieron unas cuantas vueltas en su cabeza tratando, sin éxito, de buscar una alternativa a la respuesta más evidente. “No puede ser…”

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