Black Forest La Niebla | 02

                              **DISCLAIMER**
Esta novela contiene palabras malsonantes, consumo de drogas y escenas de violencia y/o abuso.

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BLACK FOREST, LA NIEBLA

Capítulo 2

“Eres un payaso con suerte”

Midnight City

La velocidad electrica atraviesa la niebla matutina dejando un surco a su paso. Katrina aparca su moto a un lado de la puerta del Instituto Black Forest. La gente comenzaba a arremolinarse en la entrada cuando sonó la campana.

Otra vez las 9 de la mañana, otra vez nublado.

-¡Katrina! Buenos días.-Dice Leah acercándose a ella por la espalda.

-Hola ¿Qué tal? -Katrina se quitó el casco colocándose el flequillo perfectamente recto.

-Bien… Oye… siento un montón haberte dejado tirada. Te prometo que saldremos por ahí otro día.-Leah se refería al viernes anterior en el lago.

-No tienes que disculparte, no pasa nada.

-¿Los chicos se portaron bien contigo o les doy una paliza?

-Sí, si. -Katrina se río ante la imagen de Leah subiéndose las mangas de la cazadora dispuesta a cerrar bocas. -Fueron muy agradables, Sam me invitó a una cerveza.

-Hablando del rey de Roma. -Dijo Leah señalando detrás de Katrina.

-¿Estabais hablando de mí? -Preguntó Sam tratando de quitar importancia a la curiosidad notable en su voz.

-Últimamente parece que es lo único que hago.-Dijo Leah con un pesado suspiro.

-En realidad quería preguntarte por…

-Ni una palabra.-Leah interrumpió a Sam levantando la mano.-Hemos quedado en hacer muro de silencio.

-¿En serio? -Sam no entendía nada.

-No hablaremos más del tema. Sara se siente muy avergonzada y prefiere que todos finjamos que no ha pasado nada.

-¿Y eso no es peor? -Preguntó Katrina.

-Mira estoy muy cansada de hablar de esto. De verdad. Por eso yo no me lío con mis amigos.

Sam levantó una ceja incrédulo ante aquel comentario.

-Quiero decir que no lo hago más… Y yo no monté todo este cirio. -Leah cruzó los brazos sobre su pecho. Sam rió en respuesta.

-Me siento muy fuera. -Dijo Katrina al ver que nadie le daba una explicación.

-No tiene importancia. -Dijo Leah. Sam aún reía.

-Es Tomás ¿Verdad? -Trató de adivinar la nueva. Sam se puso la mano en el estómago que le dolía de la risa.

-¡¿Pero cómo lo has sabido?! ¡Se lo habéis contado!

-No le he dicho nada. Lo juro. -Sam levantó las manos en defensa a un arma de fuego invisible.

Leah suspiró de nuevo.-Sí… es verdad. Pero solo pasó una vez y fin. No tiene nada que ver con esto.

-No, esto es mucho más ridículo.

-Sam eso no está bien. Sabes que le gustas desde hace tiempo. -Explicó Leah.

-Sigue siendo ridículo.

-¿De qué habláis? -Sara surgió en el grupo como una seta.

Las miradas alrededor cambiaron de dueño por tiempos hasta que Leah rompió el hielo.

-¡Sara! Pues hablábamos de… de llevar a Katrina de fiesta algún día. Tenemos que organizar algo. -Dijo Leah estrujando su cerebro.

-Sí, sería genial.-Opinó Sara.

-¿Has ido a Herish alguna vez? -Le preguntó Sam a Katrina directamente.

-No, lo mencionó Tomás el viernes, creo.

-Sí, es la ciudad más cercana a Black Forest. No es que sea una ciudad enorme pero es lo bastante grande como para que la gente no se salude por la calle. -Añadió Leah.

-Al menos hay más sitios para escoger, aquí solo hay un bar… Además tu cumple está cerca ¿no, Sam?. -Sara se hizo la inocente con aquella pregunta fingiendo que no sabía el día exacto.

-A finales de mes.-Aclaró él.

-¡Pues dos pájaros de un tiro!-Dijo Leah con entusiasmo.

Suena el timbre, suena por segunda vez instando a los rezagados a entrar. Perezosos, los cuatro se encaminan al interior del edificio.

-Oye ¿y John? -Preguntó Sam.

-Pues haciendo pellas… Si lo raro es que tú estés aquí.-Señaló Sara.

-Y tan puntual.-Añadió Leah con un tono acusador.

Sam no comentó nada al respecto. Se limitó a mirar a Katrina de reojo. Ella le cazó en el acto.

***

Sentado en casa enclaustrado en su habitación estaba Sam fumando delante de una hoja en blanco, a la que daba golpecitos con un bolígrafo en busca de inspiración. Las ramas de los árboles se mecían al otro lado de la ventana. La mesa se movió con la vibración de su teléfono. Era un mensaje de John.

Tío, Arón ya está en casa. Vamos a quedar esta noche con él. Tomás dice que pasa pero tú vienes ¿no?”

¿Dónde has quedado?”

Vamos a Herish. Te veo en la parada”

Ok”

Sam sonrió recordando que hacía unas horas estaba hablando de Herish para un plan muy diferente.

Se levantó de la silla aceptando que, una vez más, el papel quedaría vacío. Atravesó el pasillo al mismo tiempo que se ponía la chaqueta. Abrió la puerta con las llaves en la mano cuando, en un gesto que se había vuelto costumbre, echó un vistazo a los tejados del Castillo Blackesley. Una sinuosa figura sin forma definida se movía ondulante. Entornó los ojos forzando el enfoque al máximo, estaba demasiado lejos. Un destello azul desató una punzada gélida que le cruzó la cabeza de sien a sien. Se apoyó en el umbral de la puerta. No fue más que un segundo. Lo suficiente para percibir cierta familiaridad en ese dolor. Frío.

En cuanto ese efímero dolor desapareció recuperó la compostura. Se atrevió a mirar de nuevo cuando aquella vaporosa sombra había desaparecido, o quizá solo eran las copas de los árboles meciéndose. En la distancia era algo imposible de asegurar. “Me faltan horas de sueño” pensó.

La parada de autobús que llevaba dirección a Herish se encontraba al inicio del pueblo, a tan solo unos metros del instituto y el supermercado. Una hora de trayecto y ya estaban en la ciudad. Lejos del bosque, el lago y las colinas.

La mayoría de los edificios de Herish se habían quedado anclados en los años 80. Los neones de colores poblaban el centro de la ciudad recordando a una época dorada para el arte urbano y las salas pequeñas de conciertos.

-¡Sam! ¡John! -Arón les saludó con la mano cuando salían de la estación. Se trataba de un chico de estatura media, cabeza rapada, dilataciones y una cicatriz que partía una de sus cejas.

-¡Tío! Cuánto tiempo sin verte. -Dijo John con una palmada en su hombro.

-Sí, la verdad ¿Cómo va todo por Black Forest?

-Pues aburrido como siempre. -Contestó Sam.

-Bueno, aquí el amigo se ha liado con mi hermana. -Dijo John señalando a Sam con el pulgar.

-¿En serio Sam? ¿Sarita? -Arón no se lo podía creer y estalló en risas.

-Hablemos de otra cosa, por favor. -Sam se llevó la mano a la frente para expresar su cansancio por el tema.

Poco a poco la noche fue ganando terreno. Las luces de la ciudad brillaban en el asfalto húmedo por la lluvia. La completa oscuridad les alcanzó fumando en la puerta de un local. La música del interior se escuchaba retumbar en las paredes desde fuera.

-Pues no sé, Leah y Tomás tienen una relación muy rara. -Dijo John

-Es que no tienen una relación. -Aclaró Sam.

-Pero yo no podría ser amigo de una chica con la que he… ya sabes.

-Por suerte no tienes ese problema. -Dijo Arón. Sam rió a carcajadas.

-Idiotas. -John apartó la vista de sus amigos y sus ojos se agrandaron cuando algo le llamó la atención al otro lado de la calle. -Hey ¿Esa no es Katrina?

-¿Quién es Katrina? -Preguntó Arón.

Sam siguió la mirada de John hasta la acera de enfrente. Y en efecto, allí estaba. Katrina con un vestido negro corto y tacones rodeada de un grupo de gente que debía doblarle la edad. Uno de los hombres que iba con ella le agarró de la cintura inclinándose para susurrarle algo al oído, Katrina sonrío con complicidad. Un dolor frío se insinuó en la sien de Sam. Presionó la zona con la yema de los dedos esperando que desapareciera.

-Una chica que se ha mudado hace poco. Está viviendo en el Castillo Blackesley. Es curioso… ahora Sam va a clase todos los días… -Explicó John dando a sus palabras doble sentido con el tono de su voz.

-¿Sí?… Un momento ¿Ese castillo no estaba en la ruina?

-Sí, pero al parecer su padre lo ha reformado de arriba abajo y lo ha dejado habitable. -Continuó John.

-Vamos que es una niña rica. -Sentenció Arón percatándose de que Sam no había apartado los ojos de ella.

-Básicamente… Y ya le ha dado calabazas.

-No me dio calabazas. -Contestó Sam sin cambiar los ojos de posición.

-Oh tío, te has “encoñado” de una niña rica ¿Tú? No te reconozco.-Dijo Arón.

Sam puso los ojos en blanco sin dar respuesta.

-Y sí, te dio calabazas.-Insistió John.-¿Qué hace saliendo por ahí… con gente tan mayor?

-No habrá adolescentes millonarios por los alrededores.-Adivinó Arón con tono de sorna.-Olvídala, vive en otro planeta. Para la gente como ella no existimos.-Le explicó Arón.-Pasará de ti.

-¿Tú crees?

-Te apuesto lo que quieras. Salúdala. Ya verás.

Sam se levantó del bordillo en el que estaba apoyado y dio un par de pasos hasta el límite de la acera. Un coche de alta gama, negro con los cristales tintados, paró delante de Katrina y sus acompañantes. Se subieron uno por uno entre risas. Ella rodeó el vehículo para abrir la puerta justo detrás del conductor.

-¡Katrina! -La voz de Sam atravesó la calle de una acera a la otra. Katrina levantó la cabeza saliendo del coche justo antes de sentarse en el asiento. Cuando sus ojos encontraron los de Sam las comisuras de ambos dibujaron amplias sonrisas.

-¡Hola! -Katrina saludó con la mano.

-¡¿A dónde vas?!

Katrina contestó poniendo el dedo indice vertical sobre sus labios y guiñó un ojo.

-¡Buen plan! ¡¿Puedo ir?!

A Katrina se le escapó una carcajada antes de contestar.-A la próxima. -Con una sonrisa traviesa se metió en el coche. Este arrancó sonoramente y se perdió en la oscuridad.

Sam se volvió a sus amigos entre orgulloso y sorprendido.

-Eres un payaso con suerte. -Dijo John sin poder ocultar la sonrisa.

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