Black Forest La Niebla | 01

                              **DISCLAIMER**
Esta novela contiene palabras malsonantes, consumo de drogas y escenas de violencia y/o abuso.

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BLACK FOREST, LA NIEBLA

Capítulo 01

“¡Bienvenida a Black Forest!”

Bliss

2010, Black Forest.

Niebla… sangre… oscuridad…

Esos ojos… Sam… Sam…

Sam…

Sam!-John le dió un codazo.-Estás empanado… Dame una calada…

Sam miró a John con un cigarro recién encendido en los labios, se lo apartó de la boca con dos dedos.

-Has estado esperando hasta que lo he encendido…

-Solo una calada tío.

-Eres un gorrón.

-Has tenido pesadillas otra vez ¿Verdad?-Preguntó cambiando drásticamente de tema.-Siempre pones esa cara…

Sam le pasa el cigarro a John,este aspiró la nicotina profundamente aplacando el mono rabioso en su interior. A través del humo, una figura masculina con un chaleco naranja, y un gorro de lana perenne en su cabeza, se acercó a ellos sorteando las bicicletas del aparcamiento del instituto.

-Hey Tomás ¿Qué haces aquí?- Le preguntó Sam a modo de saludo, apartando las pesadillas a un lado.

-Hoy es mi primer día de trabajo.-Contestó apuntando el supermercado al otro lado de la calzada.

-¿No entrabas a las 8:30?- Señaló John devolviendo el cigarro a la mitad a Sam.

-El encargado es mi padre, no pasa nada ¿Y vosotros que excusa tenéis?

Sam miró hacia el colegio instintivamente, resopló ante la idea de cruzar la puerta.

-Qué pereza.

En ese instante un zumbido eléctrico interrumpió la conversación. Una moto negra aparcó unos metros por detrás de ellos. Su piloto pasó la pierna por encima con agilidad para bajarse, posando las plantas de sus botas en el asfalto. Se quitó el casco dejando caer a su espalda una sedosa coleta negra que se balanceaba desde la coronilla hasta la cadera de su dueña.

Su oscuro cabello contrastaba con su tez pálida que se acentuaba bajo la luz filtrada por las nubes. Guardó el casco bajo el asiento, encadenó la moto y rodeó el aparcamiento hasta la puerta de entrada del edificio.

Los chicos, que no se perdieron detalle de la escena, tardaron unos segundos en reaccionar.

-¡¿Quién es esa?!- Preguntó Tomás con los ojos como platos.

-Pues supongo que será la hija de los dueños del Castillo Blackesley.-Informó John de la última novedad en el pueblo.

-¿Qué? ¿Pero no lo iban a tirar?

-No tío, yo también creía eso pero resulta que han estado de obras todo el verano para rehabilitarlo. Se lo han contado a mi madre en el ayuntamiento.-Completó el informante.

-Sí, la semana pasada subieron la colina varios camiones de mudanzas pasando la ermita, así que tenían que ir para allá.- Dijo Sam terminando lo poco que quedaba del cigarro.

-¿Y cómo te has enterado de eso?- Una ceja inquisidora se levantó puntiaguda en la cara de John.

-Es verdad, la ermita no se ve desde tu casa.-Puntualizó Tomás.

-No… Lo ví desde el lago…

-¿Y qué hacías en el Lago?- Preguntó John de nuevo.

-Joder…-Sam se echó el pelo rubio hacia atrás, en Black Forest pasaban tan pocas cosas que el más mínimo detalle se convertía en debate instantáneo.-Estuve allí con Sara.

-¿Con mi hermana?- El tono de cotilleo divertido desapareció para John.

-Sí… No tiene importancia.

-Eso no es lo que yo he oído.- Dijo Tomás riéndose por lo bajo.

-Lo sabe todo el mundo y no me has contado nada ¡Este año estás con ella en clase!- John le dio un manotazo en el pecho a Sam a modo de reprimenda.

-Sara tiene un pedazo de…

-Callaté Tomás.-Dijo el chico en defensa de su hermana.

-Está muy buena…-Concluyó Tomás.

-¡¿Se puede saber que hacéis ahí?!

Una mujer de mediana edad se encontraba sujetando la puerta del instituto, instando a los alumnos rezagados a entrar en clase. Se trataba de una mujer baja, regordeta, vestía traje azul marino de pantalón y chaqueta, zapato plano, gafas y el pelo en media melena completaban el atuendo de profesora.

-¡Entrad inmediatamente!-No parecía que sus palabras tuvieran mucho efecto.-¡Samuel Llagaria! ¿Quieres que llame a tu madre?

-Bueno chicos, os veo en el lago esta noche. -Dijo Tomás marchándose hacia el supermercado.

Samuel se acercó a la puerta casi obligando a sus pies a moverse. John le siguió a regañadientes.

-¿Por qué solo le llamas a él Olivia? ¿le quieres más que a mí?- Dijo John haciendo un puchero de tristeza fingida.

-Vamos que las clases ya han empezado.

Bajo los fluorescentes del pasillo las paredes blancas se asemejaban más a las de un hospital que a un colegio. John se despidió de Sam con un gesto cuando llegó a las clases de secundaria.

La profesora Olivia y Sam caminaron por el pasillo en silencio hasta llegar a la puerta de la clase, la ausencia de profesor era apreciable por el alboroto que se escuchaba desde fuera.

-Samuel, te pido por favor que te tomes este curso en serio.

-¿Yo? ¿Y qué pasa con John? -Dijo en un intento desesperado por echar balones fuera.

-John aún está en secundaria, apruebe este año o no va a tener que ir a una escuela para adultos el año que viene. Pero tú ya estás en el último curso si te esfuerzas un poco te graduarás aquí.

Sam no contestó. En pocas semanas cumpliría los 18. Normalmente para un adolescente es motivo de celebración, en su caso significaba que ya no podría seguir estudiando en el instituto. Tendría que terminar su formación en una escuela para mayores en la ciudad.

Abrió la puerta del aula, lo habitual es que los estudiantes bajen el tono y tomen asiento, ese día era diferente. En el camino a su sitio al fondo de la sala, vio a la clase reducida a un grupo arremolinado alrededor de uno de los pupitres. Del interior del tumulto se distinguía una voz nueva, una voz que jamás había escuchado antes, una voz aterciopelada y segura. El murmullo fue interrumpido por la profesora.

-Ya sé que es el primer día, ninguno queríamos que el verano acabara. Sentaos todos por favor. -Dijo Olivia suspirando por la depresión postvacacional.

Los estudiantes hicieron caso a la profesora alejándose del epicentro de la novedad. Dejando a la desconocida al descubierto.

-Tú debes de ser Katrina… ¿Eyheralde? ¿Lo he dicho bien?- Preguntó la profesora repasando su lista.

-Sí, así es.- Le confirmó Katrina con una sonrisa en sus labios.

-Yo soy Olivia, soy vuestra tutora. -Se presentó.

-Encantada.- Katrina asintió en señal de respeto.

-Igualmente.

Desde que cruzó la puerta, Sam, no había apartado los ojos de ella. Había una mesa que los separaba, aún así, el magnetismo que Katrina desprendía era demasiado fuerte. Era una chica que por poco superaba el metro y medio de estatura, pero sus piernas eran largas y estilizadas. Vestía con unas botas de cordones, vaqueros altos ajustados, jersey fino de cuello alto negro a juego con su cabello y sus uñas, que repiqueteaban en la mesa de vez en cuando. Bajo su flequillo recto se resguardaban unos enormes ojos enmarcados por espesas pestañas. No podía distinguir de que color eran, aquellos ojos no le devolvieron la mirada en todo el día.

Sonó la campana dando comienzo al descanso de media mañana. Un par de chicas se acercaron a la mesa de Katrina.

-Hola Katrina, me llamo Sara y esta es Leah. Estábamos pensando que igual te gustaría juntarte con nosotras en el descanso.-La chica que hablaba tenía un tono de voz muy angelical casi infantil, las hondas de su cabello castaño caían brillando sobre sus hombros hasta su pecho. Separados por su nariz respingona, dos ojos marrones y risueños miraban a Katrina con una bienvenida cálida. A su lado, Leah, una chica alta, desgarbada, con unos iris de un azul muy pálido, rubia con el pelo cortado por la mandíbula, sonreía de medio lado. A Katrina le llamó la atención la sudadera que llevaba, era morada y tenía un puño blanco dibujado.

-Claro.- Katrina recogió su mochila y las siguió.

Leah levantó la mano cuando se encontraron en el patio con un grupo de chicos entre los que se encontraba Sam.

-Leah espera, tengo que ir al baño… Ahora venimos.-Las dos chicas fueron al baño seguidas por Katrina.

-No quiero juntarme con ellos hoy. -Susurró.

-¿En serio? ¡No seas tonta, Sara!- Increpó Leah.

-¿Hay algún problema?- Preguntó Katrina sin entender que ocurría.

-Es que… -Sara se interrumpió cuando una cisterna sonó. De un cubículo salió una chica con el pelo rizado recogido en una bandana, Katrina la reconoció, estaba sentada en la primera fila de la clase. Se lavó las manos y salió del baño sin decir nada.

-Sara se ha follado a Samuel.-Dijo Leah sin paños calientes.

-¡Leah!-La sonrisa angelical de Sara se intercambió por un fruncir de cejas.

-¿La invitas a venir y ahora no le vamos a hablar? Además ya lo sabe todo el mundo.-Leah puso los ojos en blanco.

-¿Sam estaba con esos chicos?-Katrina trataba de adivinar cual de ellos sería.

-Sí, es el chico rubio, alto, va a nuestra clase.-Describió Leah vagamente.

-Es que me da mucha vergüenza verle ahora…

-¿Es que te arrepientes?-Preguntó Katrina con cierto tiento, pero no el suficiente para Sara.

-No…-Dijo metiendo la barbilla dentro de su jersey rosa.

-Si no te arrepientes no hay razón para sentir vergüenza, hiciste lo que quisiste ve con la cabeza alta.

-¡Eso es!-Dijo Leah con entusiasmo.

-Pero no quiero verle ahora…-Sara se miraba las deportivas blancas impolutas.

-¿Me estás diciendo que esta noche no iremos a la fiesta del lago?- Leah no parecía muy contenta con la idea.-Tenemos que ir… Katrina no ha estado tenemos que llevarla para que se integre. -Leah puso sus manos en los hombros de Katrina buscando apoyo para su escusa.

-¿Hay una fiesta esta noche?-Preguntó Katrina visiblemente interesada.

-Sí, cuando empiezan las clases siempre la hacemos. Nos reunimos en la orilla del lago y bebemos… básicamente.-Explicó Leah

-¡Qué buen plan!-Dijo Katrina riéndose y Leah la siguió.

-¿Verdad? Y la sosa esta quiere que nos lo perdamos. Sé que no suena muy emocionante pero nos divertiremos y es una oportunidad para que conozcas gente.

-Suena bien.-Las dos chicas en acuerdo miraron a Sara con el mensaje somos mayoríaescrito en la cara.

-Yo… no estoy muy segura de ir… -Insistió Sara menguando dentro de la lana de su jersey.

Sonó la campana de nuevo. Los alumnos se movieron perezosos al interior de las clases, aún quedaban un par de horas. Las tres chicas salieron del baño.

-No me puedo creer que nos hayamos pasado todo el descanso dentro del baño.- Dijo Leah quejándose.

Al entrar en clase alguien se chocó con Katrina haciendo que se le cayera la mochila al suelo.

-¡Oh no! Lo siento.- El chico recogió la mochila de Katrina, se la tendió con timidez.

-Tranquilo, no pasa nada.

El chico sonrió, se colocó las gafas y se sentó en su mesa en la primera fila al lado de la chica de la bandana en el pelo. Ella le contó algo al oído y ambos rieron en silencio. La clase transcurrió terriblemente lenta, los bostezos contaban los minutos para volver a casa, el primer día tras las vacaciones de verano terminaba.

Katrina se encaminó hacia la puerta con la mochila colgando de su hombro cuando alguien le tiró del brazo.

-Hey Katrina. -Era Leah.-Oye, que no hemos dicho a que hora quedamos esta noche.-Detrás de ella estaba Sara que no podía tener una cara que expresara mejor el deseo de enterrarse bajo tierra para siempre.-Si quieres lo que podemos hacer es ir a buscarte a tu casa y vamos andando desde allí, está cerca pero hay que atravesar el bosque y si no lo conoces es un poco lioso ¿a las 8 te parece bien?

-Sí, genial.

-¡Guay! Ya verás lo pasaremos genial, irá todo el mundo.

Hablando llegaron las tres hasta el aparcamiento, donde Katrina se colocó el casco. Despidiéndose de sus compañeras subió en su moto y desapareció en el asfalto.

***

Aún era verano, sin embargo, la temperatura no subía de los 20 grados y al desaparecer el sol disminuía todavía más. En Black Forest a las 8 de la noche el cielo se tornaba oscuro. A orillas del lago la humedad pegajosa de la niebla era prácticamente masticable. Los árboles que lo rodeaban se reflejaban en el agua. Los jóvenes se arremolinaban entorno a las hogueras en busca de calor, cuando la bebida empezaba a hacer efecto el volumen de los altavoces ascendía, se les podía escuchar cantar desde la carretera.

-No va a ser suficiente.

-John que la gente traerá su propia bebida deja de rayarte.-Dijo Tomás.

-Qué no soy nuevo ¿Vale? Luego todo el mundo gorronea.

-¿Eso va por ti? -Preguntó Tomás por lo bajo.

-Pues que paguen y ya está.-Contestó Sam por encima para tapar a Tomás.

-Tú calla que me tienes contento.-El tono de john se volvió inesperadamente seco cuando le habló a Sam directamente.

-John…No me digas que estás cabreado por lo de Sara.

-Siempre soy el último en enterarme de las cosas.

-¡No hay nada de lo que enterarse! No pasó nada.

-Ya pues…

John se interrumpió de repente, cogió su cerveza y bebió para disimular. Sam se giró para mirar a su espalda. Leah, Sara y Katrina entraban en el claro acercándose a la hoguera de su clase donde estaban ellos. Sam miró a John buscando redención pero le devolvió una mirada fría inescrutable. Sam huyó con su tercio en la mano, acudió al encuentro con las tres chicas antes de que llegaran a la hoguera.

-Hola.-Dijo al llegar a su altura. Sara se quedó un paso por detrás, Sam lo notó pero no pudo evitar fijarse en Katrina que por primera vez cruzó la mirada con él. Sam maldijo a la oscuridad por no dejarle vislumbrar el color de aquellos intrigantes ojos.

-Hey Sam ¿Ya estáis todos aquí? Pensábamos que vendríais más tarde.-Leah rompió el hielo.

-No queríamos encender la hoguera cuando fuera de noche… ya sabes.

-Ya…

La tensión se mascaba en el ambiente, Sam miraba a Sara esperando que dijera algo pero ella se limitaba a esquivar las preguntas mentales.

-¿Y si nos unimos al resto? Me muero por una cerveza.- dijo Leah tratando sin éxito de disipar la tirantez.

-Sí, claro. Id tirando… Sara…-Sam hizo una pausa buscando las palabras adecuadas.-¿Podemos hablar un segundo?

Sara le miró sorprendida y tragó saliva.-Emmm… es que estoy con…

-No te preocupes Sara, Katrina y yo nos adelantamos.-Dijo Leah cogiendo a Katrina del brazo sin que esta pudiera decir una sola palabra. La llevó hasta la hoguera dejando a Sara a su suerte.

-¿Estará bien?-Preguntó Katrina echando un vistazo a su espalda. Sam y Sara estaban hablando en un lugar apartado pero podía verles. Sam jugueteaba nerviosamente con su coletilla mientras Sara luchaba con todas sus fuerzas por no romper a llorar.

-Pues no sé tía, yo cuando me lío con un tío me lío y punto ¿Sabes? Sin dramas.-Explicó Leah.

-Ya… Yo tampoco lo entiendo.-Dijo Katrina encogiéndose de hombros, algo no le cuadraba.

-¡Eres de las mías! Me gusta.- Leah le puso el brazo alrededor de los hombros.- ¡Hey chicos! ¿Qué tal?- Dijo Leah cuando alcanzaron la hoguera.

-Hola Leah.-Tomás la abrazó.

-¿Qué tal en el curro nuevo?

-Bien, ahora soy el rico del grupo.-Dijo riéndose.

-¿Y tu John no me piensas saludar o qué?-Leah le golpeo el pie con el canto de la zapatilla.

-Eh.-Dijo sin mirarla.

-Yo también te quiero. Bueno chicos.-Leah puso las manos sobre los hombros de Katrina.-Esta es Katrina dadle amor y algo de beber.

-Hola, encantada.-Dijo Katrina entre risas.

-Igualmente, yo soy Tomás y puedes coger lo que quieras de esta nevera.-Dijo señalando una nevera portátil blanca en el suelo. Tomás era un muchacho de estatura media, llevaba un gorro de lana azul del que sobresalían unos bucles castaños entre los que se asomaban sus ojos verdes. Vestía con vaqueros, una camiseta con una calavera se mostraba entre la cremallera abierta de su sudadera.

-Para coger cervezas hay que poner en el bote.-La cara de mal humor no parecía abandonar al chico. Estaba sentado pero podía adivinar que era más o menos igual de alto que Tomás. Tenía el pelo liso peinado con la raya a un lado, bajo su ceño fruncido el fuego brillaba en sus oscuros ojos marones. Vestía con un polo azul y un suéter.

-Este borde de mierda es John.-Dijo Tomás ahorrando en presentaciones.

-John tío, el primer día que viene no le hagas pagar que coja de las mías y ya está.

-¡Pero si tu tampoco has puesto dinero, Leah!

-Igual deberíamos haber cogido más.- Dijo Sam acercándose a la Hoguera.

-Te lo dije.-Recordó John.

-Sam… ¿Dónde está Sara?-Preguntó Leah viendo que volvía solo.

-Se ha ido a casa.

-¿Qué? ¿Por qué?

-Es mejor que se lo preguntes tú misma porque no sé lo que te ha contado.-Explicó él.

-Joder…-Leah se quedó mirando a Katrina sintiéndose culpable.

-Ve con ella si quieres.-Le dijo leyendo la situación.

-¡Ay! Katrina eres genial. Volveré en un rato lo prometo.

Leah dio media vuelta y desapareció por el sendero entre los árboles.

-¿No estás bebiendo nada Katrina?-Preguntó Sam.

-No… ¿Cuánto tengo que poner?-Katrina metió las manos en sus bolsillos en busca de su cartera.

Sam se agachó para abrir la nevera y sacó una cerveza.-Ten, coge de las mías.-Dijo pasándole un tercio.

-Gracias.-Contestó Katrina con una sonrisa. Sus dedos rozaron la mano de Sam que era más cálida de lo que imaginó. Los ojos de él no la abandonaron durante el contacto y por un instante sintió aquellos iris azules atravesándola como una bala.

Sam era un chico alto debía estar cerca del 1,80m, tenía el pelo rubio más largo y alborotado en la parte alta de la cabeza, se acortaba hasta la nuca donde volvía a crecer recogido en una coletilla. Un arito plateado brillaba en su oreja con la luz del fuego. Vestía con una sudadera gris, pantalones verdes con bolsillos y botas de montaña.

La luz de la hoguera daba calidez al ambiente, bañando los árboles de naranja. Al fin Sam descubrió los ojos de Katrina, eran grises entorno a las pupilas y conforme se alejaban al borde del iris se oscurecían hasta el negro. Las yemas de sus dedos estaban frías y tuvo que reprimir el impulso de sostener sus manos entre las suyas para templarlas.

-¿Es verdad que vives en el castillo Blackesley?- Le preguntó con curiosidad.

-Sí, mi padre y yo nos mudamos hace unos días.

Que en aquel castillo vivieran unicamente dos personas le pareció triste.

-No sabía que el castillo tuviera dueños.-Señaló.

-Es cierto, siempre ha estado abandonado. Fue chocante que derrepente alguien se mudara allí.-Dijo Tomás.

-Bueno, el castillo es una herencia de una parte lejana de la familia y como mi padre adora el arte decidió restaurarlo, es su trabajo.

-Le debe de ir bien…-Comentó John.

-Lo cierto es que sí. Aunque ha llevado mucho tiempo los techos de las salas más grandes estaban hundidos. -Katrina le dió un trago a la cerveza.-Y vosotros… ¿Sois amigos desde siempre?

-Sí, hubo una época en la que íbamos juntos a clase.-Explicó Tomás.

-Hace como un millón de años.-Dijo John desganado.

-Yo me gradué el año pasado.-Continuó Tomás.-Estoy trabajando en el supermercado que hay enfrente del instituto, ya sabes, no quería seguir estudiando, mi padre es el gerente…

-Y le enchufó.-Resumió John.

-Y él no se ha sacado la secundaria aún.-Dijo Tomás dándole un golpe a John en la cabeza.

Katrina miró a Sam esperando el resto de la historia, él suspiró y continuó.

-Yo estoy repitiendo… ya está.-Concluyó. Estaba claro que ni él ni sus amigos tenían un expediente envidiable.

-Los hay que les ha ido bastante peor que a nosotros.-Dijo John como una escusa.

-Sara es la hermana de John. Leah y ella han ido a la misma clase desde pequeñas.-Siguió Tomás ubicando a cada miembro del grupo.

-No sabía que erais hermanos.

-Lo somos.-Dijo John mirando a Sam de reojo.

Sam puso los ojos en blanco.-En serio tío…

-Normalmente no hay tanta movida por aquí… en general es bastante aburrido así que no te lleves una impresión equivocada.- Le explicó Tomás a Katrina.

-Vaya, me estaba haciendo ilusiones. -Dijo Katrina sonriendo.

-¿Y solo vivís tú y tu padre en el castillo?-Preguntó Sam.

-Sí, mi madre falleció hace unos años.-Katrina respondió con tanta naturalidad que alrededor se creó una sensación de incomodidad difícil de romper.

-Vaya…-Sam se sentía incómodo. Miró a Tomás instintivamente, este le respondió con cara de comprensión.

-No, tranquilos. No pasa nada. Ocurrió cuando yo era muy pequeña. No os preocupéis es algo con lo que he vivido prácticamente desde que nací.

Tomás trató de suavizar la situación cambiando de tema.-¿Y de dónde eres?

-Por el trabajo de mi padre nos hemos mudado mucho. La mayor parte de mi vida la he pasado en Francia, Alemania… es complicado.

-Entonces has viajado bastante, eso es genial… Lo más lejos que he ido yo es a Herish y está a algo más de media hora en coche… Qué triste.-Comentó Tomás riéndose de sí mismo. En ese momento, una musiquilla electrónica empieza a sonar en su chaqueta. Este saca su teléfono móvil y se separa unos metros para hablar lejos del ruido de la fiesta.

-Sabes que no van a volver ¿No?.-Dijo John.-¿Qué le has dicho para que se vaya corriendo?

-John…-Dijo Sam haciendo una señal en dirección a Katrina, que fingía no escuchar bebiendo su cerveza.

-Seguro que ya lo sabe.

-Ya te lo contaré.

John resopló en respuesta.

-Pues… Leah dice que se quedan en su casa.-Dijo Tomás.

-Vaya mierda de fiesta…-Contestó John.

-¡Bienvenida a Black Forest!-Sam brindó con Katrina que rió con la bienvenida sarcástica.

-No hay problema de todas formas no pensaba quedarme hasta tarde, tengo que ayudar a mi padre con las cajas de la mudanza por la mañana.-Katrina terminó su tercio y lo dejó dentro de una bolsa de plástico con desperdicios.-Gracias por la invitación.-La voz de Katrina pronunció aquellas palabras de una forma tan suave que hizo saltar un resorte dentro de Sam.

-Espera ¿Vas a ir tu sola?-Se apuró a decir. Tomás y John le miraron atónitos.

-Sí, Leah y Sara me han traído. Conozco el camino.

-Pero ahora está oscuro.

-Creo que quiere acompañarte.-John Alzó la voz por detrás de Sam arrancándole una risa a Tomás que trató de disimular con una tos.

Sam volvió a poner los ojos en blanco y Tomás estalló en carcajadas incontenibles.

-Gracias, no es necesario. Ha sido un placer conoceros.-La mirada de Katrina viajó sobre los tres chicos, deteniéndose un mili segundo imperceptible en los ojos de Sam. Un segundo que duró demasiado, demasiado poco. Sam se quedó con la mirada clavada en ella observando como se alejaba en la oscuridad. Su coleta se balanceaba a su espalda como un péndulo hipnótico, haciendo imposible dejar de mirar, siguió el movimiento espalda abajo.

-Eso ha sonado a calabazas.-Dijo John.

-Serían calabazas si hubiera mostrado interés…-Contestó Sam.

-Tío… Te has ofrecido a acompañarla y te ha dicho que no.

-Ha sido solo cortesía.-Se escudó.

-Ahora va a resultar que eres el más educado del pueblo.-Respondió Tomás.

-Bueno… puede que tenga algún interés… pero una cosa no quita la otra.

-A mí lo que me importa es que me cuentes de una vez que ha pasado con mi hermana.

-No puedo.

-¿Qué?

-Le he prometido que no le diría nada a nadie.

-¿Y qué más da? ¡Dímelo!-John insistió.

-Me lo ha suplicado llorando John… ¿Qué se supone que tengo que hacer?

-Callarte.-Dijo Tomás.

-¡Contármelo!-Exigió John.

-Tío es tu hermana ¿No puedes respetarla un poco?- Preguntó Tomás.

-¡Pero si tú lo sabes también!

-Yo sé lo que me ha dicho Leah, Sara no ha hablado conmigo.

-¿Y qué te ha dicho Leah?

Un silencio tenso les recorrió a los tres. Tomás miró a Sam en busca de apoyo pero este se rindió, demasiado drama para un solo día.

-¿Leah también te ha suplicado?-Preguntó John en tono de burla.

-No…

-¿Entonces?

-Vale… si así te callas.-Tomás cogió aire y lo soltó todo de una sin paños calientes.-Leah me contó que Sara y Sam… Se liaron en el Lago.

-¡¿Qué?!-John se volvió boquiabierto hacia Sam que se encendía un cigarro nerviosamente.

-Mierda…-Fue lo único que declaró al respecto.

De vuelta a casa, Sam atravesó el bosque, sorteando árboles y tumbas centenarias que poblaban la espesura. Las tumbas llamarían la atención de cualquiera pero Sam había nacido en Black Forest, no eran más que parte del paisaje.

Fuera del bosque, lejos del lago, a pesar de que la temperatura subía un poco seguía siendo fría. Sam vivía a pie de carretera. La casa estaba apartada del pueblo, lejos del instituto, lejos del supermercado y de la mayoría de casas, solo había una persona que viviera más lejos que él, Katrina, pero sus casas poco tenían que ver. Katrina vivía en un Castillo recién reformado y Sam vivía en una casa baja, pequeña, cuyas paredes podían usarse como papel de fumar. Estaba a punto de atravesar la cerradura cuando escuchó música, carcajadas y voces de desconocidos en el interior. Sam suspiró pesadamente.

-Joder mamá…

Sacó la llave. Dio media vuelta y apoyó la espalda en la puerta retrasando el momento de entrar. Siguió con los ojos la carretera que subía la colina, por encima de los árboles los puntiagudos tejados del Castillo Blackesley se alzaban reclamando atención. Los iris grises de Katrina se aparecieron de nuevo. Aquellos ojos del color del acero se quedaron casi soldados en su mente, con un magnetismo difícil de explicar.

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